Buscando mi nombre

Mois Veros

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y redención

Yo no lo sabía, pero mientras yo lloraba insultándole, Él lloraba a mi lado.

Desde aquel momento, me dediqué a perseguirlo maldiciendo Su Nombre. Despreciaba a todos los que decían amarlo y procuraba hacerles daño.
Un día de aquellos, subí a lo alto de un monte a maldecirlo. Grité a pleno pulmón:
– ¡Te odio!
Me sentí satisfecho. Las colinas provocaron un eco infinito que repetía: te odio… te odio…
Entonces escuché una voz:
– Si tanto me odias, ¿por qué no dejas de buscarme en todas partes?
No supe qué decir. Tenía razón. Me había empeñado en perseguirle, pero sin darme cuenta no había sido para acabar con Él.
– Señor… -acerté a decir.
– De ti depende agarrarte a mi mano, cargar tu cruz y seguirme. Si lo haces, yo te haré pescador de hombres.

Años después me ordenaba y presidía mi primera Eucaristía. Me sentí tan pequeño… yo, que había blasfemado hasta el extremo, amado hasta el extremo, hasta el punto de usar mis miserables manos para consagrar su Santo Misterio. Esas manos que, cerradas con ira, le amenazaban, ahora iban a ser instrumento para llevarlo a cualquier rincón del mundo.

…que Sus Caminos no son nuestros caminos.

Mois

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