Buscando mi nombre

Mois Veros

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Locuras de amor (y III)

– Vaya, así que esa es la historia de Laura. Al fin la has contado completa – dijo Toni.
La mía es tal vez más ridícula.

– Llevabamos saliendo a escondidas 6 meses. Nadie lo sabía, excepto ella y yo. Nos las habíamos arreglado para parecer “sólo amigos” a los ojos del mundo, pero no era así y yo quería que la cosa fuera más en serio.
Recuerdo que esa semana se puso enferma y no fue al trabajo. Yo solía esperarla a la salida, porque siempre salía antes. Pero esos días se me hacían muy largos sin ella, así que decidí escaparme del trabajo e ir a verla.
Cuando llegué a su casa, me encontré a su madre, que había ido a cuidarla. Me presenté y me sonrió. Me invitó a comer. Mientras ella andaba por la concina me acerqué a Marta y la besé en la frente. Tenía mucha fiebre. Por la tarde tenía que volver al trabajo, así que le dije que la llamaría. “Me han robado el movil”, dijo triste.
Así que antes de salir, justo después de darle un furtivo beso cuando su madre no miraba, le dejé mi movil en la mesilla. “Es un regalo”, pensé.
Aproveché para llamarla esos días a mi movil y así pude saber de ella.
Unos días más tarde, cuando ya estaba recuperada, alguien llamó a mi móvil (el del trabajo). Era su madre, que me invitaba a comer con ella y toda su familia. “Este es el momento de hacerlo público”, pensé. Llegué y todo el mundo fue amabilísimo conmigo. Parecían sospechar, pero yo no quise decir nada mientras ella no me diera pie. Sin embargo pasó el día y ella me acompañó a casa.
Al llegar al portal, sacó mi móvil del bolsillo y me lo devolvió. “¿Eso es que ya tienes uno nuevo?”, le pregunté sonriente. “No, eso es que quiero romper contigo”, dijo con un hilo de voz. “No quería que conocieras a mis padres, porque sabía que les cogerías cariño y yo no tenía esperanzas en lo nuestro. Lo siento”. Y dando media vuelta se fue. Tal vez no fue un ridículo público, pero me sentí como si hubiera hecho el idiota delante de miles de personas.

– Jo, parece que al final todos tenemos nuestra historia – dijo Fran. Si uno lo piensa, siempre encuentra algo que contar, ¿verdad?
– Sí, es cierto – contestó Alberto. Aunque aun hay uno que no ha contado nada.
– Preguntas tú y luego no cuentas nada – intervino Toni, mirándome.
– Y bien -volvió a tomar la palabra Fran, – ¿cuál es la tuya?

Mois

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