Buscando mi nombre

Mois Veros

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El niño de la guerra

Estabamos escondidos cuando llegó una patrulla enemiga. No tuvimos tiempo de escapar, la sorpresa nos cayó como un jarro de agua fría. Nuestros soldados quedaron tan desconcertados como nosotros.

Nos llevaron a un refugio (gracias a Dios que no nos mataron en el acto). Había soldados entre nosotros, pero también docenas de mujeres y niños. Sentí lástima por ellos. Yo ya había vivido bastantes años, pero tal vez para aquellos aquel fuera su último destino. Nos encerraron juntos, hombres y mujeres, ancianos y niños, en un minúsculo habitáculo que vigilaban sin descanso. Algunos de nuestros soldados, los más dados a la negociación trataron de convencer al enemigo, sin resultado, de que soltaran a mujeres y niños. Mientras, los demás, permanecíamos allí, en silencio sin saber qué hacer o qué decir.

Oímos a un soldado enemigo hablar con otro. Según pudimos descifrar, querían ejecutarnos en menos de un par de días. Un sudor frío nos recorrió el cuerpo. Aquella angustiosa espera era peor castigo que haber muerto en la redada.
Nuestros soldados insistieron. Ya habían decidido morir, pero peleaban por salvar a los civiles. Sólo recibieron una negativa por respuesta, además de algún que otro golpe. Se resignaron. Todos nos resignamos a morir.

Cuando nuestra esperanza se había desvanecido, un niño de unos doce años se levantó y se dirigió a nuestros guardianes. Todos nos quedamos extrañados por aquel gesto, e incluso alguno comentó que sería en vano, pues un niño nada podría hacer cuando los mejores negociadores habían fracasado. Todo lo más que podía conseguir era un puntapié en la boca del estómago.

El niño llegó hasta donde estaban nuestros captores y sin decir una sola palabra se arrodilló antes ellos y dijo: Lo siento. Entonces, sin poder contener las lágrimas, pidió y suplicó por nuestra vida, por la de todos aquellos que estabamos encerrados con él… salvo por la suya. Pedía ofrecerse como víctima a cambio de salvar la vida de todos. Los captores, asombrados, dudaron un momento. Sin embargo, el capitán, conmivido por aquel gesto, decidió que aquello no podía continuar.
Se llevaron al niño y nos quedamos un rato esperando en el vacío. Llegó un guardia y nos sacó de allí. La guerra había terminado. Nos liberaron y regresamos a casa. Todos menos aquel niño.

No sé qué fue de aquel pequeño de doce años de mejillas empapadas en llanto… aunque lo más probable es que fuera feliz.

Y en un ataque de pura rabia, rompió a llorar de impotencia…y nos salvó.

Mois

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