Buscando mi nombre

Mois Veros

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Diario de una prostituta

Nadie sabe por lo que estoy pasando. ¿Cómo se atreven a juzgarme?

Tengo dos hijos de un padre borracho y maltratador que nos abandonó a nuestra suerte. ¿Acaso hay derecho a eso? No puedo sustentar a mi familia de otra manera, solo me queda vender mi cuerpo.

Ayer fue un día horrible. No se me borra la imagen de aquel baboso recorriendo mi cuerpo mientras yo solo aguantaba pensando en mis hijos. Estaba boca arriba y deseaba morir. Creo que incluso unas lágrimas cayeron por mi rostro. Pero a él eso le daba igual. Para él yo no era más que un objeto, capaz de provocarle placer. ¿Sabe alguien lo que es sentirse usado despiadadamente, como basura de usar y tirar? Así me siento yo, pero a nadie le importa.

Nadie me escucha, ¿de qué me sirve llorar? Sólo me queda apretar los dientes y seguir adelante de la mejor manera posible. Me desprecia todo el mundo. Me desprecian los policías, con esa mirada soberbia de “soy mejor que tú”, con ese gesto lascivo mientras me miran el escote. Me desprecia la sociedad, que me deja perder mi dignidad a cambio de sobrevivir míseramente.

Mis hijos no se lo imaginan, están orgullosos de su mamá enfermera. Bendita inocencia… ojalá nunca tengan que pasar por algo así para sacar adelante a su familia.

¿Hay consuelo para mi? ¿Seré capaz de encontrarlo algún día? Mientras tanto, cada noche me acuesto llorando… y amanezco con el sabor amargo de tener que volver a venderme de nuevo.

Mois

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