Buscando mi nombre

Mois Veros

By

Destrozando vidas – El juicio

Acto tercero

– Todos en pie. Preside el juez Delavilla.
Todos se levantaron de sus asientos. El juez entró y les indicó que podían sentarse. Se enfrentaba al juicio más mediático que jamás había tenido, y no sabía muy bien qué hacer. La sociedad estaba dividida. La opinión pública no llegaba a un acuerdo. Unos veian en él a un sanguinario asesino, cruel y despiadado. Otros, veían en él a un “héroe” que había equivocado sus formas, pero que buscaba la salvación de todos.
El juez preguntó cómo se declaraba en acusado por la muerte de la ministra de igualdad, a lo que éste, sin temblarle la voz, contestó un sereno: – Culpable -.
– ¿Es usted consciente de la gravedad del asunto que tratamos en este juicio? – indagó el juez.
– Sí, lo soy, señoría. Pero antes de que me imponga mi merecido castigo quisiera hacer una reflexión a los presentes y a todos aquellos que verán, escucharán o leerán mis palabras en los medios. Jamás debí arrebatar la vida a una persona. Deseo que nadie en este mundo lo haga jamás. No es la culpa ni el remordimiento lo que mata por dentro. Es el hecho de haberse deshumanizado. No hay nada tan deshumanizador como acabar con la vida de un semejante. ¿Por qué, pues, cometí semejante atrocidad? Necesitaba llamar la atención sobre la importancia de la vida. Son ustedes los mismos que, por un lado, se espantan y alarman y levantan todo tipo de maldiciones contra mí ante mi crimen, quienes, por otro lado, pasan por alto la innumerable cantidad de aberraciones contra la vida que sufren miles de niños inocentes amparados por la ley. ¿Cómo comprender a alguien que se espanta ante lo que yo he hecho y no se espanta ni aborrece a aquellos que practican la aniquilación legal, aquellos que la realizan, promueven leyes a su favor o la defienden? ¿Soy acaso más asesino que ellos? No. Soy igual de asesino. Soy un sinsentido que, como ustedes, necesita comprender el valor fundamental e insustituible de cualquier vida. Sea de quien sea. Sea buena o mala persona. Sea adulto o no nato. Nadie, ni una madre, ni un padre, ni un hermano, ni un hijo… absolutamente NADIE tiene derecho a decidir sobre la vida de un semejante. Y si yo soy criminal, que lo soy, ustedes también lo son. Ahora, señoría, impóngame el castigo que merezco… porque lo merezco. Pero recuerde que este castigo también lo merecen aquellos a quien me he referido. Gracias por escucharme.
El juez miró al acusado perplejo ante su reflexión. Y tras imponer la pena que dicta la ley ante los casos de asesinato con premeditación, se fue a casa cabizbajo, sabiendo que algo arañaría su corazón, al menos, durante los próximos días.

Mois

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies