Buscando mi nombre

Mois Veros

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Destrozando vidas – El dilema

Acto segundo

No debes hacerlo. Parece mentira que tú, defendedor a ultranza de la vida estés pensando estas cosas. Olvídalo, sólo te lo imaginas en tu cabeza con aires de grandeza, pero no te atreverás a cumplirlo. No eres así. Es la ira la que te habla, pero nunca la has escuchado y no lo vas a hacer ahora.

Acabarás haciéndolo. Sólo tienes que alimentar la idea en tu cabeza. Piénsalo fríamente: tendrás la repercusión mediática necesaria y tal vez acabes con un gran mal. Es solo un mal menor.

No te lo crees ni tú. Deshazte de esa idea absurda. Nunca has hecho daño a propósito, no puedes pensar que vas a matar a alguien. No está en tu naturaleza. Te convertirás en uno de ellos… y eso invalidará tus argumentos.

Es la única salida. Las demás vías se han agotado. Hay que acabar con este genocidio. Una cabeza, eso es todo. “Más vale que muera uno, a que perezcan todos”. Lo has leído. Él te perdonará, tu causa es buena. Es como si mataras a Hitler para que cesara su infamia.

No lo hagas. Serás un hipócrita. Ojo por ojo y diente por diente. Mancharás tus manos de sangre inocente. Aunque sea la responsable, su sangre es inocente.

No. Su sangre no es inocente. Hay que parar esta locura y sólo hay una manera. Solo debo sacrificarme. Por el bien de muchos. Dar la vida, pudrirme en la cárcel. Voy a hacerlo. Está decidido.

Mois

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