Buscando mi nombre

Mois Veros

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Confessions on subway floor

– Te quiero.
Fueron las palabras que abrieron la ventana de mi corazón.
Por su cara, deducía que mi “pues sí, me gustas tú. Te quiero” no era la respuesta que esperaba a su “¿pero te gusta alguien?”.
Llegó su parada. Tuve que bajarme con ella aunque me quedaban varias para llegar a casa. No podía dejarlo así.
– Ahora es cuando tú dice: “Oh, sí, yo también te quiero…” y te casas conmigo, o me das una patada en el trasero, un par de palmaditas en la espalda y me sugieres: “búscate uuna novia”. Me da igual lo que decidas (en realidad no, pero para el caso igual da), pero POR FAVOR -enfaticé- no te quedes indiferente, no te rías nerviosamente diciendo “deja de bromear, tonto” porque esa respuesta, en este momento, ya no me vale.
Se quedó callada, abrumada por la situación.
– Es que no sé qué decir.
– Bueno, acabo de jugármela a todo o nada, así que te agradecería que fueras sincera.
– Me gusta mucho estar contigo… pero…
– Siempre hay un pero -sonreí. Esperó un instante y continuó.
– … pero quiero a mi novio.
– Era de esperar. Sólo faltaba que no quisieras a tu novio.
Se rió. Al parecer mi absurdo comentario le pareció divertido.
– No te preocupes, “se me pasará”- “siempre se me pasa”, pensé.
– Pero no quiero que dejemos de vernos. Me lo paso genial cuando estoy contigo .
– No tenemos por qué dejar de vernos. Pero yo tengo “una faena”, así que me será muy útil no verte “tan a menudo”.
– No te enfades…
– No me enfado. Son cosas que pasan. Además, es muy bonito sentirse querido -volví a sonreir.-Y ahora me voy o llegaré tardísimo.
Me dio un beso en la mejilla.
– ¡Nos vemos!- le guiñé un ojo y subí.

Llegué a casa y comencé a deambular por el pasillo. Acabé sentándome frente al ordenador. Una ventanita me saludó:
– ¿Qué tal tu “cita”? ¿Ha ido bien la merienda y el cine?
– Bien. ¿Qué tal tu día?
– Aburrido… un día sin más. No creo que lo recuerde especialmente.
Le envié un detalle.
– ¡Eres un sol! – contestó.- No sé por qué no tienes novia.
Me sonreí.

…y por ese abrazo, aquel aburrido día mereció la pena.

Mois

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