Buscando mi nombre

Mois Veros

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Buscando una palabra, por Michele Moreno

Estoy buscando una palabra
en el umbral de tu misterio…
(Silvio Rodríguez)

Nunca he sabido cómo es que en los momentos precisos de mi vida en los que necesito dar la respuesta correcta, habla el lado más idiota de mí y todo lo descompone. Es automático. Por eso la semana pasada al llegar a los Estados Unidos de América, ahí exactamente frente al güero fosforescente de migración que me preguntó -con el carisma que los identifica- “¿a qué viene a los Estados Unidos?” yo no dudé en responderle una frase hecha, creo que de Buñuel, que brincó: “I´m looking for a word”.
Inmediatamente el fosforescente llamó a uno más grande que él (y poco más oscuro), y le dijo “Dice que está buscando trabajo”… ¡Sopas! Miles de personas arriesgan su vida cruzando el Río Bravo y esta imbécil – y cínica- llega a pedir empleo directamente a Migración. ¡Vaya! “No, no, míster, dije “Word” y no “Work”. Entonces el asunto se puso más grave en sus rostros que me observaban sin misericordia alguna. Así que con mi 20% de inglés tuve que explicarles ese drama que nace por dentro al perder una palabra. Cuando terminé mi monólogo, estaban más que conmovidos (obviamente no por la historia, sino por mi fatal inglés mezclado con la emoción de andar las calles de New Orleans). Dialogaron entre ellos, y cuando yo pensé que me regresarían a México en el primer vuelo, recibí un sello con el que me otorgaban seis meses para encontrar esa palabra.
Buscando la palabra, visité una librería en la que me llamó la atención una antología de “poetas americanos”. Mas, al revisar el índice, me di cuenta de que todos los escritores eran norteamericanos. Y sí, lo más seguro es que sea ignorancia de mi parte, pero siempre me he preguntado por qué los estadounidenses llaman a su país “América”, cuando en realidad -como nosotros- pertenecen a sólo un punto del continente, recuerdo mientras veo junto a mí un encendedor con la bandera de Estados Unidos cuya calcomanía reza “God bless América”, en lo cual estoy completamente de acuerdo. Caminé algunas calles del centro de New Orleans y quedé maravillada ante esa preciosidad de miles de colores que canta día y noche. Ella es música constante, en acordes y en plantas felices que enloquecen los balcones. Y pensé que quizás “Música” era la palabra que estaba buscando. Entré a bares, y escuché grupos buenísimos y cantantes magníficos. Pero “Noche” no era la palabra, aunque fui feliz. Luego, me detuve por un rato en los periódicos, para ver el escándalo de las torturas en Irak. No, tampoco “Horror” era la palabra. Seguí mi ruta por un lindo muelle (me gustó porque no espera nada), atrapando letras juntitas que flotaban en el viento: “Siempre”, “Distancia”, “Alas”, “Insumergible”, “Tiempo”, “Nunca”. Fue inútil la búsqueda. Así que no tuve que esperar seis meses y regresé a los tres días, con muy mal clima, y con unas turbulencias que parecían fatales al vuelo. “Ángeles”, “Muerte”, “Amé”, “Fui”… “Ellos”… Y apenas había pasado una hora de vuelo. De pronto, miré por la ventanilla y vi que volábamos a poca altura, y que era posible contemplar el paisaje de abajo con total claridad. Empecé a imaginar que esas divisiones de tierra eran como partes del corazón, unas más verdes que otras, ora infartadas ora enamoradas… Y olvidé el miedo y la palabra. Después estuve pensando que la vida ha de ser algo similar: si en pleno vuelo y altura nos aterramos lo más seguro es que perdamos de vista los más hermosos paisajes del corazón (algunos nunca llegamos a conocerlos por el miedo a caer. Por mi culpa, por mi culpa y por mi gran culpa).

Ahora recuerdo aquella vieja frase de Hemingway que no recuerdo pero que decía algo así como que aunque cambies de lugar sigues contigo. O la del gran Marcel Proust que sugería “Para el descubrimiento no hace falta nuevos paisajes; sino nuevos ojos”. Quizás. Y sin embargo…

Otra vez en México: converso con el amigo Daniel la posibilidad de que si el amor fuera un juego de mesa sin lugar a dudas sería un partido de damas chinas (el que llena de su color el espacio del otro, gana), Alfonso confirma la idea de que en una pareja cuando se va quien más da amor y se lleva sus canicas para jugar con otra persona, el que más sufre es quien menos daba, que se queda sin canicas y con un gran espacio vacío. Amalia esta semana viaja lejos – retrocediendo como reina- buscando la mirada que dejó hace unos meses mientras la cantante Lupita Dalessio anuncia su retiro del escenario por considerar que “es tiempo de encontrar el amor” (o sea, el uruguayo, el chileno, el argentino, el alemán, y los dos mexicanos, no cumplieron las reglas del juego… pero la vida es corta, y la nave va…)

Y yo que sólo necesito una palabra que me está faltando en pleno mayo… ¿Será “Tú”? Tal vez. ¿Y si es “Olvido”? Creo que es “Mañana”. Puede ser… “¿Contigo?”

No sé.

Al fin y al cabo, todos andamos buscando algo…

Mois

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