Buscando mi nombre

Mois Veros

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Blasfemia

Allí me encontraba frente a su cuerpo sin vida, desorientado, sin reaccionar. De repente, una incontrolable ira me embargó por completo y empecé a correr. Corrí y corrí, calle tras calle, hasta que al fin llegué a una iglesia. Entré y corrí hacia el Sagrario. Al estar frente a él, estallé en puro grito:
– ¡Eh, tú!¡Maldito bastardo!
Cerré los puños con rabia. Desee tenerlo frente a mi para poder destrozarle la cara a golpes.
– ¿Por qué? ¿Por qué lo has permitido? ¿Por qué dejaste que esos locos la mataran? Yo… que siempre lo he dado todo por ti… ¡contéstame!
Comencé a llorar. Las lágrimas empapaban completamente mi cara.
Seguía allí plantado frente al Sagrario.
– ¿Por qué? – grité más fuerte, desesperado.- ¿Por qué te la has llevado, grandísimo desgraciado?
Caí de rodillas al suelo, extenuado de tanto llorar.
– ¿Por qué… por qué, Señor, por qué…? – repetí una y otra vez.

– Al final Dios tenía otros planes para mí -continuó diciéndonos el nuevo párroco- pero ya os contaré otro día cómo me reconcilié con el Padre y cómo me llamó al sacerdocio. Ahora os dejo, que tengo que celebrar una Eucaristía- dijo mientras se alejaba sonriéndonos.

Cuando parece que todo está perdido descubrimos…

Mois

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