Buscando mi nombre

Mois Veros

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Atraco non sono

Caminaba acelerado, llegaba tarde.
Me quedaban apenas un par de calles para llegar, cuando se me acercó aquel chaval. Me rodeó el cuello con el brazo y me dijo: “¡Hola amigo!” y yo pensé: “¡Mierda, me están atracando!”.
No sé que puede pretender un atracador llamándome amigo, ¿tal vez cree que soy tonto o que me va a doler menos el atraco si lo hace “de buen rollo”?

Yo continué, con mi acelerado paso, diciendo: “Perdona, llego tarde”. Esto pareció molestarle, ya que desapareció su actitud “amistosa” y dijo: “Ve más despacio”.
Yo insistí: “Es que llego tarde”, tratando de ignorar que me estaba atracando. Esto acabó con su paciencia y levantó la voz ordenandome: “Párate”. Ignoré su órden y seguí con la misma velocidad.

Entonces noté algo frío en la espalda y un escalofrío me recorrió de arriba a abajo. “He dicho que pares”, insistió. Comencé a caminar más lento sin llegar a detenerme, unos cuantos pasos, suficientes para llegar a la calle en la que había quedado.

“El cielo se abrió y vi una luz”. Allí estaban esperándome, así que levanté el brazo y grité: “¡Hey!”.
El chaval me soltó y huyo corriendo en dirección contraria. Yo me sentí aliviado.
Por suerte, todo había quedado en una anécdota, de esas que suelen contarse como batallitas las noches que te quedas hasta las tres de la madrugada hablando con amigos frente a la chimenea.

Mois

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