Buscando mi nombre

Mois Veros

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Algunas cimas

Un verano decidimos hacer un trekking. En teoría era un trekking facilito, sin demasiada complicación. Un 3.000. Desde ese trekking odio el número 3.000. Recuerdo que al llegar a la cima arrastrándome en calcetines porque las ampollas de los pies no me dejaban ponerme las botas, mojada hasta las trancas porque no paró de llover en cuatro días, me senté en una piedra simplemente a llorar. Unos chicos se sentaron a mi lado y me preguntaron qué me pasaba, qué porqué lloraba si lo había conseguido y que si era lugar era mágico y había ranas rojas prehistóricas y la autosuperación… yo les miré y les dije: “es que ahora tengo que bajar”. Vamos que ni las ranas de las narices, ni las vistas, ni puñetas… yo tenía claro que la montaña no era mi lugar y que me quedaba por bajar todo lo que había subido.
No todas las cimas son agradables.
Mois

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