Buscando mi nombre

Mois Veros

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A quien se quiere

A quien se quiere no se le pega, ni se le insulta…

¿Qué he hecho? Nunca he dejado de amarla. Recuerdo, como si hubiera sido ayer, los besos y caricias del noviazgo. Ella entonces me miraba casi con devoción…

No puedo olvidar ese golpe. Como a cámara lenta, vuelvo a ver sus nudillos que se acercan y se estrellan contra mi cara. Dolió. Fue como si algo estallara en mi cerebro. Pero también dolió el alma. ¿Cómo es posible que él me hiciera eso?

Ni siquiera me di cuenta de lo que hacía; o tal vez sí, y mi memoria lo ha borrado. Me ahogaba en mi frustración, y algo que ella dijo me hizo perder el control. La culpa no fue suya. Lo que falló estaba dentro de mi.

Cuando las manos que te acarician se convierten en los puños que te golpean, el mundo se viene abajo. No alcanzo a comprender cómo lo que ayer era consuelo y amor, hoy rompe el cuerpo.

Sus ojos me persiguen cada vez que cierro los míos. Su mirada temerosa, me pesa como una losa en el corazón. Daría cualquier cosa por volver atrás en el tiempo y poder evitar esa expresión de su rostro.

A quien se quiere no se le pega, ni se le insulta…

Quien ama sabe perdonar….

Soy una mujer preparada, con estudios, con trabajo… no voy a permitir que me domine. Le he demostrado mi capacidad de independencia, llegando incluso a desafiarle. Pero siempre he llevado las de perder. El es más cruel.

Soy físicamente más fuerte. En mi puño cerrado cabe su mano extendida. ¿Qué pretendía al provocarme? A veces, me ha amenazado con irse… Habría podido hacerlo. Ella lo sabía. Pero se quedaba. Supongo que lo hacía porque me quería.

Desde el momento en que le conocí, supe que le amaría siempre. Ni los insultos, ni aquel puñetazo, han cambiado eso. Sé que hay facetas en su vida con las que no se siente plenamente satisfecho; pero pienso que juntos podemos mantenerlas al margen de la vida en pareja. Vadearlas.

De nuevo veo sus ojos… esa mirada que, espero que a tiempo, me hizo recuperar la cordura; comprender que ambos necesitamos ayuda. Yo, para aprender a amarla. Ella, para aprender a perdonarme.

Siento temor. Temo que lo que hasta ahora ha sido un suceso aislado pueda convertirse en algo crónico. Ahora estoy en condiciones de perdonar lo que ocurrió; echarlo a la cuenta de lo que pudo ser una crisis pasajera. No sé que haría si la historia se repitiera.

Deseo evitar que la historia se repita…

Los actos violentos son voluntarios. Si sus manos me golpean es porque él ha tomado la decisión de hacerlo.

Nunca podré perdonarme haberle causado dolor…

A quien se quiere no se le pega, ni se le insulta…

¿Qué es lo que he hecho?

Me ha hecho daño…

Necesito saber que aún me queda una esperanza…

Necesito saber que nunca volverá a suceder…

Necesito que sepa que, desde hoy, mis manos sólo te darán calor…

Gracias Alegría por materializar mis ideas con tus palabras.

A quien se quiere no se le pega, ni se le insulta…

Mois

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