Buscando mi nombre

Mois Veros

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¡Ven, Señor Jesús!

Hoy estoy triste. No sé si será porque siento que voy a perder a mi amiga o porque me entristece el no haber podido hacer nada para no perderla.
Últimamente ando dándole muchas vueltas al tema. Desde que la conozco, hemos tenido momentos muy buenos juntos…y también muy malos. Y a pesar de todos los momentos malos, siempre conseguíamos salir adelante.
Ésta vez, creo que no se solucionará. No es que pierda la esperanza, pero la rutina y la falta de interés son más fuertes que yo. ¿Y qué venida le estoy preparando yo al Señor, si no soy capaz de reconciliarme con mi “hermana”? ¿Yo soy ese “tan bueno” que prepara el camino allanándolo? No. Soy ese que se cree “tan bueno” y que, sin embargo, le pone trabas…
Mis amigos tratan de ayudarme. “No es culpa tuya”, me dicen. Quizá ella tenga más culpa que yo (no diré que la tiene porque no estoy dispuesto a juzgarla… ni dispuesto ni en condiciones) pero yo no he puesto TODO de mi parte. Si cualquier relación falla, sea del tipo que sea, es por culpa de ambos.
La culpa “solía ser” suya (o yo “pensaba” que era suya) y para mi perdonarla no suponía un problema. Pero esta vez ha sido diferente. Esta vez le he fallado yo (estrepitosamente), y quizá por eso me ha dolido más, poque me es más difícil perdonarme a mi mismo. Lo peor es que creo que ella, en el fondo, tampoco es capaz de perdonarme. Lo hemos hablado y “seguimos siendo amigos”, pero mantenemos una relación superficial.
Estoy triste porque siento que empieza a dejar de importarme. Y si deja de importarme, ya no habrá solución posible.
Probablemente mañana sea el último día de este año que la vea. Procuraré abrazarla y desearle feliz navidad. No sé que más hacer. Le regalaré una sonrisa, tal vez sea una buena manera de empezar de cero.
Espero que las cosas mejoren, confío en que Dios sabe lo que hace y hará lo que sepa mejor para mi. Rezaré por ella.
Y si finalmente no se arreglan las cosas, procuraré, al menos, recordar sólo los buenos momentos y siempre que nos encontremos, le regalaré una gran sonrisa. Ahora mismo no puedo hacer más, porque no sólo depende de mi.
Señor, quizá ya sea tarde para allanarte el camino, pero te necesito.¿Te sirve, al menos, mi deseo de conversión? Sé que no lo merezco, pero ahora especialmente… ¡Ven, Señor Jesús!

Mois

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