Buscando mi nombre

Mois Veros

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Te doy mis ojos

No sé qué fue. Es de esas cosas que no sabes explicar, pero que ves con tal claridad y nitidez que te parecen obvias. Allí estaba ella, con su tierna sonrisa de oreja a oreja. Y yo, desconocedor de todo, me acerqué a saludar. Conversaciones cortas, risas absurdas. Todo como “sin importancia”. Hasta que, sin saber por qué hice un gesto que para mí significaba mucho. Ella no lo sabía, pero al hacerlo le estaba dando una parte muy importante de mí. Parecía insignificante desde fuera, lo sé. Pero inadvertidamente le estaba diciendo: Te doy mis ojos.
Sí, algo tan importante para mí como mis ojos, ofreciéndolos sin más, porque sentía que así debía ser. Y ella los aceptó. Y aprendió a vivir con ellos. Yo no sabía qué importancia les daba ella… pero para mí era un pequeño sacrificio. Y sin saber si servía… yo lo hacía. Era mi manera de decirle algo. Algo importante, que no venía de mi parte.
Increíblemente, al final de la historia, resultó que para ella fueron más importantes incluso que para mí. Fueron sus ojos. Nuestros ojos. Y así, comenzó la adopción…

“A veces he deseado que tú fueras mi padre…”
Mois

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