Así eres tú, así soy yo.

Así somos. Así nos queremos.

Mois

Me miró con lágrimas en los ojos:
- ¿Por qué haces esto? ¿Por qué entras en mi montón de mierda?
Y con un nudo en la boca del estómago sólo pude decir:
- Para sacarte de él…

Agárrate con fuerza. Saldremos de esta.

Mois

Cualquiera puede ser padre…

pero hay que ser muy especial para ser papá.

Feliz primer mes

Mois

Una noche de buen vino y de mejor compañía
anduvimos por la calle hasta aplastarnos el día
y nos bañamos vestidos como en un día de boda.
En la villa de San Pedro vi el paraíso en su boca.

Y su madre en la cocina preparándole la cena
nadie cena como en casa si la que guisa es mamá.
Y el mundo ajeno a lo nuestro iba a su velocidad
mientras que ella y yo anudados nos prometimos el mar.

Nos prometimos el mar lleno de vida y de sal,
llenamos el corazón, violencia y calma a la vez,
él es el mismo traidor, azul o verde da igual.
Nos prometimos el mar.

Y me he pasado las horas apoyado en la farola
que daba luz a su puerta sólo por verla pasar,
aguantando las tormentas por regalarle una rosa,
rosa que nunca le dí, y ya no la volví a ver mas.

Nos prometimos el mar lleno de vida y de sal,
llenamos el corazón, violencia y calma a la vez,
él es el mismo traidor, azul o verde da igual.
Nos prometimos el mar.

Uno y una no son dos, uno y una es lo que es,
y un día yo tomé mi senda y ella la suya también
y si el destino quisiera hacer con las dos un lazo
me agarraré a su cintura y haré un nudo con mis brazos
porque una noche sin luna nos prometimos el mar.

La vida son 4 días y yo por el tercero voy,
Y ese día que me queda lo soñé para los dos,
pero si por una de estas ella no vuelve a pasar
recordaré que en San Pedro nos prometimos el mar.

Nos prometimos el mar lleno de vida y de sal,
llenamos el corazón, violencia y calma a la vez,
él es el mismo traidor, azul o verde da igual.
Nos prometimos el mar.

Le regalaría una rosa… si la volviera a ver pasar.

Mois

No hay victoria sin renuncia,

no hay gloria sin sacrificio.

Para resucitar primero hay que dar la vida.

Mois

Me abrazaste temblando, sin querer soltarme. Yo te devolví el abrazo y noté cómo empezabas a llorar. Casi no pude contener mis lágrimas, pero reuní valor y te susurré al oído “te quiero”.
Entonces, sin decir nada, me agarraste con más fuerza. Terminamos de abrazarnos y debía irme. Te vi sonreir mientras llorabas.
Y entonces, de nuevo, estuve a punto de llorar.

Y no me había dado cuenta de que cuando el sol te da en la cara, los ojos se te vuelven verdes….

Mois

¿Por qué nos gustará tanto complicar las cosas?

Mois

- Vaya, así que esa es la historia de Laura. Al fin la has contado completa - dijo Toni.
La mía es tal vez más ridícula.

- Llevabamos saliendo a escondidas 6 meses. Nadie lo sabía, excepto ella y yo. Nos las habíamos arreglado para parecer “sólo amigos” a los ojos del mundo, pero no era así y yo quería que la cosa fuera más en serio.
Recuerdo que esa semana se puso enferma y no fue al trabajo. Yo solía esperarla a la salida, porque siempre salía antes. Pero esos días se me hacían muy largos sin ella, así que decidí escaparme del trabajo e ir a verla.
Cuando llegué a su casa, me encontré a su madre, que había ido a cuidarla. Me presenté y me sonrió. Me invitó a comer. Mientras ella andaba por la concina me acerqué a Marta y la besé en la frente. Tenía mucha fiebre. Por la tarde tenía que volver al trabajo, así que le dije que la llamaría. “Me han robado el movil”, dijo triste.
Así que antes de salir, justo después de darle un furtivo beso cuando su madre no miraba, le dejé mi movil en la mesilla. “Es un regalo”, pensé.
Aproveché para llamarla esos días a mi movil y así pude saber de ella.
Unos días más tarde, cuando ya estaba recuperada, alguien llamó a mi móvil (el del trabajo). Era su madre, que me invitaba a comer con ella y toda su familia. “Este es el momento de hacerlo público”, pensé. Llegué y todo el mundo fue amabilísimo conmigo. Parecían sospechar, pero yo no quise decir nada mientras ella no me diera pie. Sin embargo pasó el día y ella me acompañó a casa.
Al llegar al portal, sacó mi móvil del bolsillo y me lo devolvió. “¿Eso es que ya tienes uno nuevo?”, le pregunté sonriente. “No, eso es que quiero romper contigo”, dijo con un hilo de voz. “No quería que conocieras a mis padres, porque sabía que les cogerías cariño y yo no tenía esperanzas en lo nuestro. Lo siento”. Y dando media vuelta se fue. Tal vez no fue un ridículo público, pero me sentí como si hubiera hecho el idiota delante de miles de personas.

- Jo, parece que al final todos tenemos nuestra historia - dijo Fran. Si uno lo piensa, siempre encuentra algo que contar, ¿verdad?
- Sí, es cierto - contestó Alberto. Aunque aun hay uno que no ha contado nada.
- Preguntas tú y luego no cuentas nada - intervino Toni, mirándome.
- Y bien -volvió a tomar la palabra Fran, - ¿cuál es la tuya?

Mois

- Bueno, no está mal - dijo Alberto. - Una lástima que no fueras tú el elegido tras ese “abrazo” que no fue.
Mi historia es más bien algo de “locura de amor”.

- Apenas hacía un par de meses que nos conocíamos y no habíamos coincidido mucho, pero teníamos el móvil del otro y la dirección de correo. Le escribí para contarle no sé qué chorrada que me había recordado a ella, y me contestó que estaba triste por culpa de un examen. Me mandó una foto en la que se la veía con carita “triste” mientras sostenía una taza humeante de chocolate caliente (le encanta el chocolate caliente).
No te preocupes, todo saldrá bien - le contesté.- Yo confío en ti. Y así empezamos a escribirnos emails y a enviarnos mensajes. Cada vez eran más cariñosos y parecía que nos gustábamos, pero ninguno de los dos tenía mucho tiempo para quedar. Un mes después ella se fue de ERASMUS a Suecia y seguimos el contacto por correo. “En dos semanas voy a ver a un amigo que está en Noruega. Vive a 50 kilómetros de donde estás. ¿Vendrías a verme en tren?” “Seguro” fue su respuesta.
Sin embargo, coincidencias del destino, el día anterior al viaje mi amigo me escribió: “No puedes venir, me tengo que volver a España. Me han cambiado un examen de fecha”. En un primer momento me disgusté “jo, no voy a poder verla”, pensé. “No, no me quedo sin verla, me voy a Suecia”. Así que cambié el billete y me fui. Una vez allí la llamé: “Estoy aquí, en Suecia. Al final mi amigo no está, pero quería verte. ¿Podría quedarme a dormir en tu piso?”. Vino a recogerme y fuimos a su piso. Y allí me alojé durante una semana. Durante esos días nos dedicamos a pasear, a charlar, a conocer el lugar y a conocernos.
El último día antes de volver quise besarla. Lo hice y ella no se apartó. Le dije lo que sentía: “Me gustas mucho. Estoy enamorado de ti”. Pensé que ella sentiría algo parecido, si no ¿por qué me habría dejado besarla?. Sin embargo sus palabras fueron diferentes (y aquí es donde llega mi parte de ridículo): “Me pareces un tío estupendo… pero me he dado cuenta de que no siento lo mismo. Perdona”. Y casi pierdo el avión!

Mois

Allí estabamos los 4 mirándonos los unos a los otros, hasta que al final se me ocurrió decir:
¿Recordais alguna locura o ridículo que hayais hecho por amor?
Se me quedaron mirando algo confusos de que propusiera ese tema, pero pronto empezaron a surgir ideas:

- No sé si servirá como ridículo, pero ahora mismo me viene un recuerdo a la memoria. Era un frío noviembre y hacía días que no sabía nada de ella. Se me ocurrió hacerle una llamada perdida, como diciéndole “me acuerdo de ti”. Al poco ella contestó con un sms: “Jo, hace tiempo que no hablamos. Descansa. Estoy agobiadilla”.
Entonces mi mente empezó a elucubrar: “Mañana le doy una sorpresita” me dije. Y así amaneció al día siguiente. Fui a clase y volví a casa a la hora de comer. “Tengo tiempo para prepararlo”, pensé. Y me dediqué a hacerle un cartel que ponía “Abrazos gratis”. Era entonces la época en que se puso de moda, así que pensé que le haría ilusión y la sacaría de su agobio (por supuesto dándole el debido abrazo que le ofrecía).
Una vez acabado, me dirigí a su casa. Y tan contento llegué a su puerta. “Esto no se lo espera”, me alegré en mis adentros. La llamé al móvil, me pareció que sería más sorprendente. Pero sonaba y sonaba y no lo cogía. Insistí varias veces, yo con mi cartel allí parado, móvil en mano. Y nada. Al cabo de una hora desistí. “No sé su puerta y no coge el móvil, perfecto!” y así me fui a casa. Por la noche un sms llegó: “Perdona que no te haya cogido el teléfono. Estaba en el cine con Carlos. Si necesitas algo dímelo ;) . Un besito. Sara”
Y se me quedó cara de bobo leyendo aquel mensaje. Yo, como un idiota, en la puerta de su casa para animarla y ella en el cine con su novio.

Mois

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