Sus padres llegaron justo a tiempo para escuchar el concierto. Mientras lo disfrutaban, él se dedicaba a revolotear cerca de mí, dedicándome su simpática sonrisa. Me dediqué a jugar con él mientras seguía escuchando de fondo el concierto. Pillerías, juegos, risas.
Acabó el concierto y sus padres tuvieron que volver a casa. Se acercó a ellos y de nuevo volvió corriendo hacia mí: “Te quiero, Mois” me dijo. Me dio un sincero beso en la mejilla y de nuevo salió corriendo hacia sus padres. Subió al coche y se despidió agitando su mano a través de la ventanilla.

Un niño que es puro cariño. Algún día… hijo.

Mois