Jue 19 Jun 2008
Así que deslicé mi mano acariciando la suya hasta encajarlas. Levanté la cabeza, cerré lo ojos y empecé a decir: Padre Nuestro…
… y líbranos del mal. Amén. Le di un pequeño apretón y recogí mi mano, rozando con sutileza las yemas de sus dedos. Abrí los ojos y le sonreí.

¿Cómo explicar una experiencia cuando sólo la has sentido tú?
Mois
