Buscando mi nombre

Mois Veros

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Pan tostado

Después de un largo y duro día en el trabajo, mi mamá puso un plato de salchichas y pan tostado muy quemado frente a mi papá. Recuerdo estar esperando ver si alguien lo notaba. Sin embargo, aunque mi padre lo notó, alcanzó un pan tostado, sonrió a mi madre y me preguntó cómo me había ido en la escuela. No recuerdo lo que le contesté, pero sí recuerdo verlo untándole mantequilla y mermelada al pan tostado y comérselo todo. Cuando me levanté de la mesa esa noche, recuerdo haber oído a mi madre pedir disculpas a mi padre por los panes tostados muy quemados. Nunca voy a olvidar lo que le dijo: ”Cariño no te preocupes, a veces me gustan los panes tostados bien quemados.” Más tarde esa noche, fui a dar el beso de las buenas noches a mi padre y le pregunté si a él le gustaban los panes tostados bien quemados. Él me abrazó y me dijo estas reflexiones:”tu mamá tuvo un día muy duro en el trabajo, está muy cansada y además – un pan tostado un poco quemado no le hace daño a nadie”.

La vida está llena de cosas imperfectas y gente imperfecta. Aprender a aceptar los defectos y decidir celebrar cada una de las diferencias de los demás, es una de las cosas más importantes para crear una relación sana y duradera. Un pan tostado quemado no debe romper un corazón. La comprensión y la tolerancia es la base de cualquier buena relación. Sé más amable de lo que tú creas necesario, porque todas las personas, en éste momento, están librando algún tipo de batalla. Todos tenemos problemas y todos estamos aprendiendo a vivir y lo más probable es que no nos alcance la vida para aprender lo necesario. El camino a la felicidad no es recto. Existen curvas llamadas EQUIVOCACIONES, existen semáforos llamados AMIGOS, luces de precaución llamadas FAMILIA, y todo se logra si tienes una llanta de repuesto llamada DECISIÓN, un potente motor llamado AMOR, un buen seguro llamado FE, y abundante combustible llamado PACIENCIA.

Amarnos en nuestras imperfecciones.
Mois

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Si puedes oirme

– No podemos quedarnos aquí, voy a llevarte – le dije mientras la cogía en brazos.
– No sé si puedes oírme, pero si me entiendes, abrázame fuerte.
Y me abrazó.

Me abrazó con todas sus fuerzas.
Mois

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Todo había cambiado

“As I rode home the next morning the city looked the same, the people looked the same, it all looked the same. But it wasn’t. In just one night everything had changed.”


Todo había cambiado.
Mois

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Vidas cruzadas

El coche circulaba por la carretera. De repente, al acercarse a mí, aminoró la marcha. Me llamó la atención, así que traté de ver al conductor. Al volante, una preciosa joven israelí de ojos verdes.
Me quedé mirándola y ella hizo lo propio. Sin parar, deceleró un poco más al pasar junto a mí. Le sonreí. Me sonrió.
Venían coches detrás, así que tuvo que continuar, pero vi cómo mantenía su sonrisa. Yo también mantuve la mía.

Y la mantuve a lo largo de la noche.
Mois

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Te doy mis ojos

No sé qué fue. Es de esas cosas que no sabes explicar, pero que ves con tal claridad y nitidez que te parecen obvias. Allí estaba ella, con su tierna sonrisa de oreja a oreja. Y yo, desconocedor de todo, me acerqué a saludar. Conversaciones cortas, risas absurdas. Todo como “sin importancia”. Hasta que, sin saber por qué hice un gesto que para mí significaba mucho. Ella no lo sabía, pero al hacerlo le estaba dando una parte muy importante de mí. Parecía insignificante desde fuera, lo sé. Pero inadvertidamente le estaba diciendo: Te doy mis ojos.
Sí, algo tan importante para mí como mis ojos, ofreciéndolos sin más, porque sentía que así debía ser. Y ella los aceptó. Y aprendió a vivir con ellos. Yo no sabía qué importancia les daba ella… pero para mí era un pequeño sacrificio. Y sin saber si servía… yo lo hacía. Era mi manera de decirle algo. Algo importante, que no venía de mi parte.
Increíblemente, al final de la historia, resultó que para ella fueron más importantes incluso que para mí. Fueron sus ojos. Nuestros ojos. Y así, comenzó la adopción…

“A veces he deseado que tú fueras mi padre…”
Mois

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Querida hija

Mi querida hija, el día que me veas vieja, te pido por favor que tengas paciencia, pero sobre todo trata de entenderme. Si cuando hablamos, repito lo mismo mil veces, no me interrumpas para decirme “eso ya me lo contaste” solamente escúchame por favor. Y recordar los tiempos en que eras niña y yo te leía la misma historia, noche tras noche hasta que te quedabas dormida. Cuando no me quiera bañar, no me regañes y por favor no trates de avergonzarme, solamente recuerda las veces que yo tuve que perseguirte con miles de excusas para que te bañaras cuando eras niña. Cuando veas mi ignorancia ante la nueva tecnología, dame el tiempo necesario para aprender, y por favor no hagas esos ojos ni esas caras de desesperada. Recuerda mi querida, que yo te enseñé a hacer muchas cosas como comer apropiadamente, vestirte y peinarte por ti misma y como confrontar y lidiar con la vida. El día que notes que me estoy volviendo vieja, por favor, ten paciencia conmigo y sobre todo trata de entenderme. Si ocasionalmente pierdo la memoria o el hilo de la conversación, dame el tiempo necesario para recordar y si no puedo, no te pongas nerviosa, impaciente o arrogante. Solamente ten presente en tu corazón que lo más importante para mí es estar contigo y que me escuches. Y cuando mis cansadas y viejas piernas, no me dejen caminar como antes, dame tu mano, de la misma manera que yo te las ofrecí cuando diste tus primero pasos. Cuando estos días vengan, no te debes sentir triste o incompetente de verme así, sólo te pido que estés conmigo, que trates de entenderme y ayudarme mientras llego al final de mi vida con amor. Y con gran cariño por el regalo de tiempo y vida, que tuvimos la dicha de compartir juntas, te lo agradeceré. Con una enorme sonrisa y con el inmenso amor que siempre te he tenido, sólo quiero decirte que te amo, mi querida hija.

Nunca lo haré tan bien como lo hicisteis conmigo…
Mois

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Onomatopeya

¿Dónde estoy? No lo recuerdo. Estoy flotando. Tengo la sensación de llevar aquí toda mi vida. Creo que iba en bici, pero ahora estoy en el aire. Sí, ahora lo recuerdo, cruzaba la calle. Semáforo en verde. Entonces aparece un coche. Adrenalina.
Recuerdo haberlo visto, es mi último recuerdo. El corazón se me ha acelerado. Golpe. (Onomatopeya de golpe)
Me ha dolido, parece que el tiempo se ha parado. Abro los ojos, ahora veo el cielo. Qué bien se está aquí. Me muevo rápido, pero tengo la percepción de que todo va muy lento. Estoy flotando.
Acabo de sonreir. Voy a estrellarme contra el suelo, pero acabo de sonreir. Cierro los ojos. Percibo. Todo mi cuerpo está activado. Paz.
Mi cuerpo golpea el suelo. (Onomatopeya de dolor)
Creo que acabo de romperme. No recuerdo dónde estaba, solo recuerdo que no recuerdo nada. Estoy tendido en el suelo. Me cuesta respirar. Creo que sigo vivo, porque estoy respirando. Noto mi corazón bombeando a velocidad de vértigo. Me duele todo el cuerpo. Sigo vivo.
Noto un líqudo resbalando por mi espalda, empapando mi camisa. Noto como se estremece mi cuerpo. El frío me embarga. Noto como me voy diluyendo, como dejo de percibir lo que me rodea. Noto como mi cuerpo se muere, pero no tengo miedo.
Con un último esfuerzo, esbozo una sonrisa, antes de caer desvanecido, exprimiendo los últimos segundos de mi vida. Y así, tendido en el suelo, tras unos segundos que me han parecido una vida entera, me muero.
Y en mi cabeza sigue sonando la voz de una canción conocida.

Mois

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Despedida de un kamikaze

Mientras escribo esta carta la brisa del océano me acaricia la piel. Ese inmenso océano que pronto será mi tumba.
Dicen que moriré como un héroe. Que la seguridad y el honor de mi país serán la recompensa por mi sacrificio. Rezo para que tengan razón.
En esta vida, sólo me arrepiento de no haberte dicho lo que sentía. Me gustaría estar en casa, me gustaría cogerte de la mano, me gustaría decirte que te he amado y solo a ti desde que era un niño.
Pero no es así. Ahora veo que morir es fácil, es el amor lo que cuesta. Mientras mi avión se hunde, no veré el rostro de mis enemigos, pero sí veré tus ojos como rocas negras heladas por el agua de lluvia.
Nos dicen que gritemos ¡BANZAI! cuando nos estrellemos contra el objetivo. En cambio, yo susurraré tu nombre.
Y en la muerte, como en la vida, seguiré siendo tuyo para siempre.
Alférez Hiroshi Takahashi

En cambio, yo susurraré tu nombre.
Mois

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Buenos días, princesa

— Bueno, adiós. Ha sido muy gentil conmigo. Ahora voy a tomar un buen baño caliente.
— Ah… me olvidaba decirte que…
— Dilo.
— Que tengo unas ganas de hacerte el amor que no te puedes ni imaginar. Pero esto no se lo diré a nadie. Sobre todo a tí. Deberían torturarme para obligarme a decirlo.
— ¿A decir qué?
— Que quiero hacer el amor contigo. No una vez solo, sino cientos de veces. Pero a tí no te lo diré nunca. Solo si me volviera loco te diría que haría el amor contigo, aquí, delante de tu casa, toda la vida.


¡Buenos días, princesa!
Mois

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La mirada más triste

Caminaba distraído, pensando en mi cita de esa tarde. “Unos preciosos ojos me esperan” me decía mientras sonreía.
Entonces, al girar la esquina, me topé con ellos. Él miraba absorto el parque frente a ellos. Ella perdía la mirada en sus pensamientos. Estaban juntos, iban a casarse, pero apenas eran capaces de mirarse el uno al otro.
Por alguna razón que todavía no alcanzo a explicarme, la miré a los ojos. Ella pareció percatarse, porque salió de su ensimismamiento y me miró. Nunca he visto una mirada tan triste. Parecía gritar, ahogándose en silencio. Trató de esbozar una ligera sonrisa que apenas consiguió adornar su rostro. Sentí cómo su tristeza se clavaba en mi pecho por un instante y aparté la mirada. Él ni siquiera se percató de mi presencia, estaba demasiado ocupado en sus cosas como para darse cuenta de que algo, a parte de él, existía en el mundo.
Seguí caminando y entré en el bar. Y desde el fondo aparecieron aquellos preciosos ojos que me esperaban. Y durante el resto de la tarde no pude dejar de sonreir.

Unos ojos que son reflejo de un alma.
Mois

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