Relatos


Cuando salió de la sala, se quedaron solos.
- Lo decía en serio -dijo él sin mirarla.
- ¿Eh? - se sorprendió ella.
Él se giró un instante para cruzar su mirada con sus ojos verdes. De nuevo volvió a mirar al infinito.
- Cuando dije que estaba dispuesto a morir por ti… - continuó. Entonces la miró de nuevo y concluyó - era de verdad.

Miradas… y silencio.

Mois

No voy a venderme a cualquier precio. No estoy de saldo, no soy una oferta. No tengo ganas de que cualquiera me compre.
No me pondré en el escaparate, pero tampoco me encerraré en el almacén. Me pondré en la estantería y esperaré que alguien esté dispuesto a pagar mi precio, lo que realmente valgo.
Desde aquí veo a otros GPS más baratos, con otras prestaciones. Yo soy como soy, y quien me compre debe tener claro que soy así y no de otra manera. Quien me compre deberá encontrarme, pero no voy a esconderme; tendrá que buscar, pero no se lo complicaré a propósito. Me haré accesible sin suplicar atención. No me colgaré el cartel de “fin de existencias”.
Sí, soy un GPS en venta, pero no a cualquier precio. Y recuerda leer la letra pequeña, no quiero sorpresas cuando esté en tu coche. No soy de usar y tirar, soy de utilidad indefinida. Gracias si decides comprarme. Pienso que será una buena inversión.

Por su precio original, o mejor oferta.

Mois

Me miró con lágrimas en los ojos:
- ¿Por qué haces esto? ¿Por qué entras en mi montón de mierda?
Y con un nudo en la boca del estómago sólo pude decir:
- Para sacarte de él…

Agárrate con fuerza. Saldremos de esta.

Mois

Me abrazaste temblando, sin querer soltarme. Yo te devolví el abrazo y noté cómo empezabas a llorar. Casi no pude contener mis lágrimas, pero reuní valor y te susurré al oído “te quiero”.
Entonces, sin decir nada, me agarraste con más fuerza. Terminamos de abrazarnos y debía irme. Te vi sonreir mientras llorabas.
Y entonces, de nuevo, estuve a punto de llorar.

Y no me había dado cuenta de que cuando el sol te da en la cara, los ojos se te vuelven verdes….

Mois

- Vaya, así que esa es la historia de Laura. Al fin la has contado completa - dijo Toni.
La mía es tal vez más ridícula.

- Llevabamos saliendo a escondidas 6 meses. Nadie lo sabía, excepto ella y yo. Nos las habíamos arreglado para parecer “sólo amigos” a los ojos del mundo, pero no era así y yo quería que la cosa fuera más en serio.
Recuerdo que esa semana se puso enferma y no fue al trabajo. Yo solía esperarla a la salida, porque siempre salía antes. Pero esos días se me hacían muy largos sin ella, así que decidí escaparme del trabajo e ir a verla.
Cuando llegué a su casa, me encontré a su madre, que había ido a cuidarla. Me presenté y me sonrió. Me invitó a comer. Mientras ella andaba por la concina me acerqué a Marta y la besé en la frente. Tenía mucha fiebre. Por la tarde tenía que volver al trabajo, así que le dije que la llamaría. “Me han robado el movil”, dijo triste.
Así que antes de salir, justo después de darle un furtivo beso cuando su madre no miraba, le dejé mi movil en la mesilla. “Es un regalo”, pensé.
Aproveché para llamarla esos días a mi movil y así pude saber de ella.
Unos días más tarde, cuando ya estaba recuperada, alguien llamó a mi móvil (el del trabajo). Era su madre, que me invitaba a comer con ella y toda su familia. “Este es el momento de hacerlo público”, pensé. Llegué y todo el mundo fue amabilísimo conmigo. Parecían sospechar, pero yo no quise decir nada mientras ella no me diera pie. Sin embargo pasó el día y ella me acompañó a casa.
Al llegar al portal, sacó mi móvil del bolsillo y me lo devolvió. “¿Eso es que ya tienes uno nuevo?”, le pregunté sonriente. “No, eso es que quiero romper contigo”, dijo con un hilo de voz. “No quería que conocieras a mis padres, porque sabía que les cogerías cariño y yo no tenía esperanzas en lo nuestro. Lo siento”. Y dando media vuelta se fue. Tal vez no fue un ridículo público, pero me sentí como si hubiera hecho el idiota delante de miles de personas.

- Jo, parece que al final todos tenemos nuestra historia - dijo Fran. Si uno lo piensa, siempre encuentra algo que contar, ¿verdad?
- Sí, es cierto - contestó Alberto. Aunque aun hay uno que no ha contado nada.
- Preguntas tú y luego no cuentas nada - intervino Toni, mirándome.
- Y bien -volvió a tomar la palabra Fran, - ¿cuál es la tuya?

Mois

- Bueno, no está mal - dijo Alberto. - Una lástima que no fueras tú el elegido tras ese “abrazo” que no fue.
Mi historia es más bien algo de “locura de amor”.

- Apenas hacía un par de meses que nos conocíamos y no habíamos coincidido mucho, pero teníamos el móvil del otro y la dirección de correo. Le escribí para contarle no sé qué chorrada que me había recordado a ella, y me contestó que estaba triste por culpa de un examen. Me mandó una foto en la que se la veía con carita “triste” mientras sostenía una taza humeante de chocolate caliente (le encanta el chocolate caliente).
No te preocupes, todo saldrá bien - le contesté.- Yo confío en ti. Y así empezamos a escribirnos emails y a enviarnos mensajes. Cada vez eran más cariñosos y parecía que nos gustábamos, pero ninguno de los dos tenía mucho tiempo para quedar. Un mes después ella se fue de ERASMUS a Suecia y seguimos el contacto por correo. “En dos semanas voy a ver a un amigo que está en Noruega. Vive a 50 kilómetros de donde estás. ¿Vendrías a verme en tren?” “Seguro” fue su respuesta.
Sin embargo, coincidencias del destino, el día anterior al viaje mi amigo me escribió: “No puedes venir, me tengo que volver a España. Me han cambiado un examen de fecha”. En un primer momento me disgusté “jo, no voy a poder verla”, pensé. “No, no me quedo sin verla, me voy a Suecia”. Así que cambié el billete y me fui. Una vez allí la llamé: “Estoy aquí, en Suecia. Al final mi amigo no está, pero quería verte. ¿Podría quedarme a dormir en tu piso?”. Vino a recogerme y fuimos a su piso. Y allí me alojé durante una semana. Durante esos días nos dedicamos a pasear, a charlar, a conocer el lugar y a conocernos.
El último día antes de volver quise besarla. Lo hice y ella no se apartó. Le dije lo que sentía: “Me gustas mucho. Estoy enamorado de ti”. Pensé que ella sentiría algo parecido, si no ¿por qué me habría dejado besarla?. Sin embargo sus palabras fueron diferentes (y aquí es donde llega mi parte de ridículo): “Me pareces un tío estupendo… pero me he dado cuenta de que no siento lo mismo. Perdona”. Y casi pierdo el avión!

Mois

Allí estabamos los 4 mirándonos los unos a los otros, hasta que al final se me ocurrió decir:
¿Recordais alguna locura o ridículo que hayais hecho por amor?
Se me quedaron mirando algo confusos de que propusiera ese tema, pero pronto empezaron a surgir ideas:

- No sé si servirá como ridículo, pero ahora mismo me viene un recuerdo a la memoria. Era un frío noviembre y hacía días que no sabía nada de ella. Se me ocurrió hacerle una llamada perdida, como diciéndole “me acuerdo de ti”. Al poco ella contestó con un sms: “Jo, hace tiempo que no hablamos. Descansa. Estoy agobiadilla”.
Entonces mi mente empezó a elucubrar: “Mañana le doy una sorpresita” me dije. Y así amaneció al día siguiente. Fui a clase y volví a casa a la hora de comer. “Tengo tiempo para prepararlo”, pensé. Y me dediqué a hacerle un cartel que ponía “Abrazos gratis”. Era entonces la época en que se puso de moda, así que pensé que le haría ilusión y la sacaría de su agobio (por supuesto dándole el debido abrazo que le ofrecía).
Una vez acabado, me dirigí a su casa. Y tan contento llegué a su puerta. “Esto no se lo espera”, me alegré en mis adentros. La llamé al móvil, me pareció que sería más sorprendente. Pero sonaba y sonaba y no lo cogía. Insistí varias veces, yo con mi cartel allí parado, móvil en mano. Y nada. Al cabo de una hora desistí. “No sé su puerta y no coge el móvil, perfecto!” y así me fui a casa. Por la noche un sms llegó: “Perdona que no te haya cogido el teléfono. Estaba en el cine con Carlos. Si necesitas algo dímelo ;) . Un besito. Sara”
Y se me quedó cara de bobo leyendo aquel mensaje. Yo, como un idiota, en la puerta de su casa para animarla y ella en el cine con su novio.

Mois

Entonces su madre le dijo:
- Pero si este chico… míralo! Siempre va con las zapatillas raspadas y desarreglado. Con lo buen chico que era tu exnovio. Él que tenía tan buen gusto, tanto estilo… y tanto dinero, por cierto.
Ella se quedó pensando un instante sobre lo que su madre acababa de decir y dijo:
- Mira, no tiene un puto duro… pero me quiere más que nadie.
Y su madre, viendo su mirada, no pudo más que guardar silencio, darse la vuelva y salir de la habitación.

Dispuesta a apostar por mi, sin importar mis circunstancias.

Mois

Entonces apareció el zorro.
- Buenos días – dijo el zorro.
- Buenos días – respondió cortésmente el principito, que se dio vuelta, pero no vio nada.
- Estoy acá – dijo la voz – bajo el manzano…
- ¿Quién eres? – dijo el principito -. Eres muy lindo…
- Soy un zorro – dijo el zorro.
- Ven a jugar conmigo – le propuso el principito-. ¡Estoy tan triste! …
- No puedo jugar contigo – dijo el zorro -. No estoy domesticado.
- ¡Ah! Perdón – dijo el principito.
Pero, después de reflexionar, agregó:
- ¿Qué significa “domesticar”?
- No eres de aquí -dijo el zorro-¿Qué buscas?
- Busco a los hombres -dijo el principito- ¿qué significa domesticar?
- Es una cosa demasiado olvidada -Significa “crear lazos”. Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para tí más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para tí único en el mundo…Si me domesticas, mi vida se llenaráde sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música. Los campos de trigo no me recuerdan nada. Pero tu tienes cabellos color de oro. Cuando me hayas domesticado, ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de tí. Y amaré el ruido del viento en el trigo.
El zorro calló y miró largo tiempo al principito.
- ¡Por favor…domestícame! -dijo. Sólo se conocen las cosas que se domestican. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes deamigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!
- ¿Qué hay que hacer? -dijo el principito.
- Hay que ser paciente. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos. Pero, cada dia, podrás sentarte un poco más cerca. Mejor ven siempre a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres, cuando más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón…Los ritos son necesarios.
Así el principito domesticó al zorro.

Y yo como el zorro te pido: ¡domestícame!

Mois

Sus padres llegaron justo a tiempo para escuchar el concierto. Mientras lo disfrutaban, él se dedicaba a revolotear cerca de mí, dedicándome su simpática sonrisa. Me dediqué a jugar con él mientras seguía escuchando de fondo el concierto. Pillerías, juegos, risas.
Acabó el concierto y sus padres tuvieron que volver a casa. Se acercó a ellos y de nuevo volvió corriendo hacia mí: “Te quiero, Mois” me dijo. Me dio un sincero beso en la mejilla y de nuevo salió corriendo hacia sus padres. Subió al coche y se despidió agitando su mano a través de la ventanilla.

Un niño que es puro cariño. Algún día… hijo.

Mois

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