Creo recordar que fue la noche del OSK, así que es probable que fuera después de una oración. Ella había venido en metro, pero después se hizo tarde y ya no pasaban. Como no tenía posibilidad de coger el coche (es posible que entonces aun no tuviera el carné) decidí acompañarla a su residencia andando. Cuando llegamos, nos quedamos un rato a la puerta hablando, sentados en un banco.
De repente, apareció un chico con un casco de moto en la mano y cara de un poco perdido. Se acercó a nosotros y nos pidió un euro. Yo no llevaba nada encima (no se me había ocurrido coger la cartera para acompañarla) y ella comentó que tampoco llevaba nada. El chico nos insistió un poco, nos dijo que se le había parado la moto y que necesitaba ir a por gasolina; que un euro no nos suponía mucho esfuerzo, pero a el podía salvarle la noche. Me quedé con ganas de dárselo, porque además empezó a hablarnos del “circulo de favores” o algo así. Que con un simple gesto como ese, desinteresado, el favor volvería a nosotros, y por el camino muchas personas habrían hecho felices a otras hasta hacernos felices a nosotros. Busqué en mis bolsillos y no encontré nada, ella comentó que tampoco llevaba nada encima. El chico se despidió y se fue a seguir buscando alguien que le pudiera ayudar.
Cuando hubo girado la esquina, le pregunté: ¿De verdad no llevas nada encima? Me hubiera gustado poder ayudarle. Me dijo que llevaba un euro y medio, pero que no quería sacar la cartera delante de él, por si acaso, ya que llevaba otras cosas de valor. Nos miramos y nos lo dijimos todo. Sacó el euro y yo corrí tras el chico. No había llegado mucho más lejos, estaba en la calle de al lado, esperando para cruzar. Le ofrecí el euro y le dije que al final sí que llevabamos y que esperaba que tuviera suerte y le llegara para la gasolina. Me dio las gracias y me dijo que seguro que la cadena volvía a nosotros. Me despedí y volví con ella.
Tenía razón, la cadena hizo su efecto. Nos quedamos hablando un rato más… y nos quedamos más felices. Y solo nos costó un euro.
La felicidad está al alcance de todos. Sólo hay que saber alcanzarla.
Mois