Mie 2 Jul 2008
Dicen que los niños y los borrachos nunca mienten, pero yo no estoy de acuerdo. Sin embargo, esta vez haré una excepción y creeré lo que aquella noche sucedió:
Mi amigo estaba completamente borracho. Quién sabe cuántos cubatas llevaba ya encima, pero el caso es que se me acercó y empezó a hablarme. Al principio no le hice mucho caso a aquello que empezó a contarme, pero de repente me sobrecogió.
Me dijo:
- No creo en Dios y lo sabes, pero… si existe quiero que consigas que me conceda una cosa. Ya sé que soy un descreído y que me merezco ir al infierno, no me importa. Me da igual lo que me pase, pero por favor… que mi abuela vaya al cielo. Es una santa y se lo merece. No quiero que ella tenga que ir al infierno… yo lo merezco, pero ella no. Ella se merece lo mejor, así que prométeme que vas a rezar por ella.
- Vale, no te preocupes. Eso está hecho.
- ¡Prométemelo! -insistió. -Prométeme que irá al cielo, aunque yo arda en el infierno toda la eternidad.
- Está bien. Te lo prometo.
- Gracias.
Y justo después empezó a contarme historias y batallitas de su curro.

No soy digno de que entres en mi casa. Dilo de palabra y se salvará.
Mois
Si tratas de alcanzarlo por tus propios medios jamás lo conseguirás.







