Dedicadas


Enamorarse es como prenderle la mecha a un petardo. Empieza con una pequeña chispa cuya llama empieza a correr cada vez más deprisa hasta que explota de manera impredecible. Una explosión de sentimiento, de final impredecible que, a menudo, no encendemos nosotros mismos. ¿Por qué? Quizá porque pensamos que elegir, que poner voluntad a la decisión de enamorarse es restarle sentimiento.
¿Pero es así? ¿Es acaso más real un enamoramiento en el que no decides de quién te enamoras que uno en el que tú decides enamorarte… y te dejas llevar? Cada día estoy más convencido de que es mejor ser consciente, ponerle voluntad a los sentimientos, que dejar que otros (las circunstancias, el entorno, otras personas) sean quienes prendan la mecha. ¿Acaso no es mejor enamorarse de quien yo decida enamorarme? Así, cuando este periodo terminé, seguiré amando… y seguiré queriendo enamorarme. Así, la “explosión descontrolada” será deseada, permitida por mí. Y no dejará de ser un sentimiento intenso, casi descontrolado… sencillamente, “el senyor pirotècnic” seré yo.

Decidir con cordura a quién amar… para amarle con locura.
Mois

A veces quisiera ser la palabra que arde en tu oído, ese dulce soplo que te enamore perdidamente. Sentir cómo bailo sobre tu cielo, para caer rendido por tu espalda. Pero al final me rindo a la realidad. Yo solo soy el silencio. Ese que no enamora con su forma, con su brío, con sus vuelos. Ese que apaciblemente parece dormido. Y sin embargo, ¡ay! ¡qué ciego soy incluso yo mismo a veces! Pues en ese silencio te amo mil veces más que con mil poesías de Bécquer.

Soy el amor en silencio.

Mois

35.
Te quiero, pequeña.
Mois

Hubo un tiempo en que necesitaba sentirme como un fénix, saber que renacería de mis propias cenizas.
Ser fuerte, magestuoso, poderoso. Quería ser un fénix.
Pasado el tiempo, me siento más como una mariposa azul. Más simple, más sutil. Pero con la misma fuerza interior.
Sí, prefiero ser una mariposa azul.

Una sencilla y alegre mariposa azul.
Mois

- No podemos quedarnos aquí, voy a llevarte – le dije mientras la cogía en brazos.
– No sé si puedes oírme, pero si me entiendes, abrázame fuerte.
Y me abrazó.

Me abrazó con todas sus fuerzas.
Mois

Tras pensarlo y meditar detenidamente he llegado a la conclusión de que el musical ALMA es como el monte Tabor. Es un oasis en medio de las prisas del mundo, un encuentro frente a frente con la presencia viva de Cristo. Es sentirse mirado y amado por el Padre.Al participar de él, uno siente ganas de decir aquello de “qué bien se está aquí”, y bien es cierto, pues no sólo el musical llena, sino que todos los que colaboran te hacen sentir en familia. Sin embargo, como en el Tabor, hay que volver, hay que bajar de esa montaña para continuar con el día a día. Pero algo ha cambiado. Hay algo diferente y, aunque nos gustaría “montar tres tiendas” para quedarnos allí, sabemos que debemos volver… y transfigurarnos, para que el mundo crea.

Sin duda… qué bien se está aquí.
Mois


…para siempre… lo decía en serio.
Mois

Hay que tener valor para dejarse matar por ella, muchísimo más valor para matar por ella… pero hay que estar loco de coraje para estar dispuesto a vivir una vida sin ella.

Valor… valentía de amar.
Mois

Corría el año 1985 cuando tres amigos que aún no se conocían llegaron a este mundo. Sin saber el camino que les quedaba, sin saber qué les aguardaba. Eran niños, inocentes, alegres, pero lo que no sabían era que la fe crecía en ellos, era algo tan sencillo, pero tan fuerte, que pasó a ser una pasión. Una dedicación, una forma de vida. Dios estaba en ellos, en su mirada, en su sonrisa, en su interior.
Su confirmación fue algo especial, fue la luz quien los señaló. Ellos serían el futuro de una gran generación. Era tan grande el amor que tenían hacia Él, hacia el Señor, que decidieron compartirlo, enseñarlo a los demás. Querían que los niños, desde pequeños, conocieran a Jesús.

El Señor nació en nuestro interior y así todo comenzó,
con la llama de Su amor creciendo en el corazón.
Con la música y la fe queremos decir: Gracias.
Gracias.

Nosotros empezamos siendo un grupo de esos niños pero algo nos decía que esta aventura sería única. Iba a ser la semilla de un gran amor. Y así ha sido. Maravilloso. Increíble. No lo podremos olvidar.Os agradecemos todo lo que habéis hecho. Nos habéis dado esa magia que nos ha ayudado a entregarnos al Señor.
Siempre recordaremos estos tres años, ha sido una de las mejores experiencias vividas. Gracias por ayudarnos a estar más cerca de Él. Ahora, sentados bajo las estrellas empezamos un camino nuevo. Nos habéis dado las alas, vamos a volar. Vamos a llegar al corazón, como vosotros hicisteis con nosotros.

El Señor nació en nuestro interior y así todo comenzó,
con la llama de Su amor creciendo en el corazón.
Con la música y la fe queremos decir: Gracias.
Gracias.

Gracias a vosotros. Vosotros le habéis dado sentido a estos tres años.
Mois

No sé qué fue. Es de esas cosas que no sabes explicar, pero que ves con tal claridad y nitidez que te parecen obvias. Allí estaba ella, con su tierna sonrisa de oreja a oreja. Y yo, desconocedor de todo, me acerqué a saludar. Conversaciones cortas, risas absurdas. Todo como “sin importancia”. Hasta que, sin saber por qué hice un gesto que para mí significaba mucho. Ella no lo sabía, pero al hacerlo le estaba dando una parte muy importante de mí. Parecía insignificante desde fuera, lo sé. Pero inadvertidamente le estaba diciendo: Te doy mis ojos.
Sí, algo tan importante para mí como mis ojos, ofreciéndolos sin más, porque sentía que así debía ser. Y ella los aceptó. Y aprendió a vivir con ellos. Yo no sabía qué importancia les daba ella… pero para mí era un pequeño sacrificio. Y sin saber si servía… yo lo hacía. Era mi manera de decirle algo. Algo importante, que no venía de mi parte.
Increíblemente, al final de la historia, resultó que para ella fueron más importantes incluso que para mí. Fueron sus ojos. Nuestros ojos. Y así, comenzó la adopción…

“A veces he deseado que tú fueras mi padre…”
Mois

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