Calabazas.
Verduras desterradas, ligadas inevitablemente al fracaso.
Suspender… ser rechazado… sentimientos que se asocian a la pobre calabaza, que poca culpa tiene de que uno no haya estudiado lo suficiente o de que otra persona no quiera empezar una relación. Y, sin embargo, uno no deja de recibir por ello sus correspondientes calabazas.
Calabazas de fracaso, de impotencia, como una invitación no deseada a sentirse mal y a rechazarlas, en sí mismas, a cualquier precio, llegando incluso a odiarlas.
Esas pobres calabazas… ¿nadie piensa en ellas? ¿Por qué deben ser malditas y repudiadas?
Benditas calabazas que nos acercan a la realidad, que nos recuerdan que no siempre se consigue todo, y menos sin esfuerzo, que ayudan a valorar lo que se consigue.
Benditas calabazas que dan fruto a la “infructífera” vivencia del fracaso.

No importa, yo con las mías me haré un guisado… riquísimo.
Mois