Gracias Padre por querernos tanto. Gracias porque podemos hablarte confiados, sabiendo que nos escuchas. Gracias porque viniste a sanar a los enfermos, a publicanos y prostitutas, a darnos un corazón de carne, porque nos miras con ternura aunque creamos ser el hijo que se queda mientras el pródigo se marcha, porque utilizas nuestras manos de barro para hacer tus obras. Gracias Padre porque nos quieres unidos, no protestantes o católicos, no de Pablo o de Apolo, sino cristianos, de Cristo. Gracias por darnos maestros que nos forman intelectual y espiritualmente, aunque a algunos nos cueste quererlos o entenderlos. Gracias por las personas que nos acompañan en el Camino de la Vida, familiares, amigos, monitores… y, cómo no, por la Vida misma. Porque es un gran regalo que no podemos dejar de agradecerte.

Mois