Buscando mi nombre

Mois Veros

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Faithfully – fielmente

Highway run
Into the midnight sun
Wheels go round and round
Your’re on my mind.

Restless hearts
Sleep alone tonight

Sending all my love
Along the wire.

They say that the road
Ain’t no place to start a family

Right down the line
It’s been you and me
And lovin’ a music man
Ain’t always what it’s supposed to be
Oh, girl, you stand by me
I’m forever yours – faithfully

Circus life
Under the big top world
We all need the clowns
To make us smile.

Through space and time
Always another show
Wondering where I am
Lost without you.

And being apart ain’t easy on this love affair
Two strangers learn to fall in love again
I get the joy of rediscovering you

Oh, girl, you stand by me
I’m forever yours – faithfully

Oh, oh, oh, oh
Faithfully, I’m still yours
I’m forever yours
Ever yours – faithfully

Fielmente…
Mois

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Consuelo

Bienaventurados los que lloran…

Siempre hay consuelo.
Mois

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No puedo

– Abrázame.
– …No puedo.


No puedo acercarme sin dañarte.
Mois

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El lado oscuro

El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro.

El miedo lleva a la ira. La ira lleva al odio.

El odio lleva al sufrimiento. Y el sufrimiento…

te lleva al lado oscuro.

Únicamente tú eres capaz de evitar que el sufrimiento te lleve al “lado oscuro”.
Mois

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Historia de un Hombre… y un Monstruo

Clopín: Muy de mañana despierta a París la canción de Notredame, redoblan campanas por el sena gris, suena el son de notredame. Sus campanas que a veces son truenos y otras veces parecen cristal. Y siempre será el alma de la ciudad su canción, el son de Notre Dame.
Escuchad, son preciosas, ¿no? Hay tanto colorido en sus sonidos, tantos humores cambiantes. Porque, ¿sabéis? Ellas no tañen por sí mismas.
Clopín (marioneta):Ah, ¿no?
Clopín: No, bobito. Allí arriba, allá en el sombrío campanariovive el misterioso campanero. ¿Quién es esa criatura?
Clopín (marioneta): ¿Quién?
Clopín: ¿Qué es?
Clopín (marioneta): ¿Qué?
Clopín: ¿Cómo llegó hasta allí?
Clopín (marioneta): ¿Cómo?
Clopín: ¡Chitón! Clopín os lo contará. Es una historia que habla de un hombre y de un monstruo.

Ésta es la historia que empieza en los muelles de noche en Notre Dame:
Padre: ¡Hazle callar! ¡Nos descubrirán!
Madre: ¡Calla, chiquitín!
Cuatro asustados gitanos se acercan sin ruido a Notre Dame.
Barquero: Cuatro monedas por traeros hasta París.
Pero van a caer en la trampa y ante ellos, altiva, verán una horrible figura de voz más oscura que el son.
Padre: El Juez Claude Frollo.
El son de Notre Dame. El Juez Frollo lucha contra vicio y corrupción, ve pecado en todo menos en su corazón.
Frollo: Llevad esa chusma gitana al Palacio de Justicia.
Soldado: Eh tú, ¿qué ocultas ahí?
Frollo: Sin duda, es mercancía robada. Quitádsela.
¡Ella huyó!
Madre: ¡Me acojo a Sagrado! ¡Nos acogemos a Sagrado!
Frollo: ¿Un bebé? ¡Un monstruo!
“¡Detente!” gritó el Archidiácono.
Frollo: Esto es un demonio atroz. Lo devuelvo al infierno a donde pertenece.
Archidiácono: Mira qué sangre inocente has vertido a los pies de Notre Dame.
Frollo: Soy inocente, ella corrió, yo la perseguí.
Archidiácono: ¿Vas a matar a ese niño también a los pies de Notre Dame?
Frollo: Mi conciencia está tranquila.
Archidiácono: Tú podrás engañarte a ti mismo, defender tu inocencia en tu clan. Mas no tiene perdón la maldad de tu acción porque hay, mil ojos hay en Notre Dame.
Frollo el déspota notó quebrarse su altivez, la punzada del temor sintió por una vez.
Frollo: ¿Qué debo hacer?
Archidiácono: Criarle y cuidarle como si fuera vuestro.
Frollo: ¿Qué? ¿Deberé cargar con este deforme? Está bien. Pero que viva con vosotros en vuestra iglesia.
Archidiácono: ¿Vivir aquí? ¿Dónde?
Frollo: Donde sea. Yo te esconderé donde jamás sepan de ti… tal vez en el campanario y, ¿quién sabe? El Señor tiene caminos inescrutables. Tal vez algún día pueda hacer algo por ti O tú por mí.
Y Frollo le puso al niño un cruel nombre, “Formado a medias” significaba: Quasimodo. No, nunca las gentes adivinarán en el son de Notre Dame ¿quién será hombre? ¿quién monstruo será? Suena el son, son, son, son, son, son, son, son, son de Notre Dame.

Puedes elegir: ser un Hombre… o ser un Monstruo.
Mois

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Monstruo

No se puede crear un monstruo y luego quejarse cuando irrumpe en edificios.

No puedes desentenderte de lo que tú mismo has creado.
Mois

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El Amor es el Camino

¿Qué mueve a un joven a aventurarse a realizar el Camino de Santiago en febrero? Supongo que, como todos los caminos, la búsqueda de respuestas. Carrera recién terminada, temas personales sin resolver, un abismo sin respuestas. Y una pregunta en el corazón: ¿Señor, qué quieres de mí?

Así fue como empecé mi viaje. Con optimismo. Con ganas de encontrar respuestas a mi vida y mis circunstancias. No se trataba de encontrar la respuesta al final del Camino, sino de ir descubriéndola poco a poco y dejando que Dios hablara y obrara en mí.

El silencio y la soledad te dan la oportunidad de conocerte a ti mismo en lo más profundo. Ese desierto, como los 40 días que ayunó Jesús, me permitió profundizar en lo más hondo de mí mismo y me ayudó a descubrir cosas que desconocía.

Aprendí que necesitamos de los demás. Era algo que ya sabía, pero tras andar en solitario la mayor parte del recorrido, redescubrí esa necesidad. La falta de interlocutor me obligó a hablar conmigo mismo y, ciertamente, hubo momentos en los que llegué a rozar un estado de locura. Cantar y rezar en voz alta se hicieron necesarios para acompañarme a mí mismo, para sentir una presencia, mi presencia.

También descubrí, gracias a Kentaro (un peregrino japonés con el que me comunicaba “chapurreando” inglés), el valor del acompañamiento silencioso. No hablábamos mucho, por el mencionado problema del lenguaje, pero nos acompañamos mutuamente en silencio y nos reconfortamos.

Descubrí que era más fuerte, física y mentalmente, de lo que yo creía. Fui capaz de soportar la nieve, la lluvia, el granizo, la ventisca… y todo con la mejor de mis sonrisas. Resultaba incómodo, pero había una extraña paz en toda aquella inclemencia atmosférica que me permitía continuar sin queja. Celebrar la salida del sol fue algo novedoso, que sólo había vivido en mi viaje de estudios a Irlanda, pero se convirtió en ritual cuando éste hacía acto de presencia. Y se convirtió en un motivo más por el que dar gracias.

Pero no todos mis descubrimientos fueron buenos. Bajé al “sótano del ser humano” para conocer lo peor de mí: mis miedos, mi rabia contenida, mi odio. Comprendí que, a pesar de mis esfuerzos por ser “bueno”, había una parte mala en mí, mucho más humana y escondida de lo que yo esperaba. Comprendí que “no soy tan bueno” y que no debo dejar de trabajarme (y dejar que Dios me trabaje, como Alfarero que es) en todo momento.

A lo largo del camino también surgieron las anécdotas, de lo más variopintas. Algunas de ellas fueron banales, pero otras tuvieron un guiño de Dios hacia mí. Por ejemplo, ver que el cielo azul delante de mí se movía a la misma velocidad que yo mientras sobre mí seguía lloviendo me hizo pensar en el curioso sentido del humor que, a veces, puede tener Dios. También hubo tiempo para las conversaciones con otros peregrinos, pues no todos eran extranjeros. Algunas de ellas fueron muy enriquecedoras, como la que me planteó Sergio, quién decidió contarme “La historia de mi vida” y que me sirvió para valorar mi futuro profesional.

Quizá uno de los días más intensos, pero no por ello más importante, fue la etapa de llegada a Santiago. Recuerdo que madrugué bastante y salí de noche para llegar cuanto antes a Santiago y, con suerte, a la misa de peregrinos. La etapa no era de las más largas que me había planteado, pero tras llegar a Monte do Gozo se alargó sobremanera (o al menos fue la sensación que me dio). Cruzar Santiago fue lo más intenso. Saber que estaba a punto de llegar, pero no ver el final del recorrido. Durante ese tiempo, que se me hizo eterno, pensé en todas las personas que me quieren y me las imaginé enviándome su aliento y palabras de ánimo. Sentí el apoyo de todo el mundo, empujando mis cansadas piernas a seguir andando. Me emocioné. Casi se me saltaron las lágrimas mientras continuaba caminando.

Y, finalmente, llegué. Recuerdo la sensación de llegar a la plaza del Obradoiro. Caminar hasta el centro. Dejar la mochila en el suelo. Caer de espaldas… y no poder parar de rezar y dar gracias. Lo había conseguido. Yo. Increíble.

Asistí a la misa de peregrinos y a otra en una capilla. Sentía a la vez cansancio y felicidad, aunque debo reconocer que me costó como nunca “levantarme y sentarme” durante el rito. Durante LOS ritos. Pero mereció la pena.

¿Valoración? Muy positiva. Encontré respuestas que no esperaba y, aunque algunas preguntas no me fueron contestadas, Dios habló y obró lo que Él quiso, a pesar de lo que en algunos momentos despotriqué. Es una experiencia diferente, y más teniendo en cuenta las fechas, que, a diferencia del verano, me permitieron vivir intensamente ese “desierto”.  Lo es. A todos los niveles.


No hay caminos para el amor. El Amor es el Camino.
Mois

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No es tan difícil


Vale, no es TAN fácil. Pero PODEMOS.
Mois

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Quien eres

– ¿Quien era?
– Era Edmundo Dantes…
era mi padre y mi madre….
mi hermano…
era usted y era yo…
era todos nosotros.

¿Quién eres?
Mois

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El ladrón de hachas

Un hombre perdió su hacha. Sospechaba del hijo de su vecino. Al observar su forma de andar, le parecía que era la propia de un ladrón de hachas; su postura, inequívocamente, era la de un ladrón de hachas; su mirada… su mirada, sin duda, era la de un ladrón de hachas.
Al poco tiempo, el hombre fue a cavar al valle y encontró su hacha.
Al día siguiente, cuando volvió a ver al muchacho, se sintió repentinamente arrepentido. Al mirar al joven, ya no le parecía que tuviera andares de ladrón, ni postura de ladrón, ni mirada de ladrón.

Nuestros prejuicios no nos dejan ver… o nos hacen ver lo que queremos ver.
Mois

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