Buscando mi nombre

Mois Veros

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Espíritu

Recibid el Espíritu Santo…

Id y anunciad por el mundo la Buena Nueva de Dios.
Mois

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Posibilidades


No te rindas. Seguirá habiendo posibilidades.
Mois

PD:Gracias emecé.

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Poema del ingeniero

Si hubiera nacido poeta
escribiría poesía,
canciones y sonetos
al candor de tus mechones,
de tu risa incandescente,
a tus ávidos ojillos
que me miran tan sinceros,
que me envuelven con su velo,
y en las noches más oscuras
me iluminan como fuego.

Si hubiera nacido poeta,
sabría de rima y letra,
de tangos y terciopelo,
de sinónimos y vuelos.
Y al mirarte, inspiraría,
entre hoyuelos y caricias,
mi más verbosa rima,
mi oratoria y palabrería
que en tu oido encontraría
un nido de sentimientos.

Pero nací ingeniero
y aunque no me falta ingenio
soy de números y ondas,
de funciones y cosenos
que en tu lecho se consuelan
de saberse bienamados
a pesar de ser corrientes,
normalitos, chapuceros,
algo ratas y podridos
porque estaban en tus sueños.

Este es mi regalo. Tan simple como yo.
Mois

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Toda la ternura que te debo


Toda la ternura que te debo – José Córdoba
…toda la ternura que te debo.
Mois

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Levántate

Entró y les dijo: -¿A qué viene este alboroto y esos llantos? La niña no está muerta, está dormida. Y se reían de él. Pero él, echando afuera a todos, tomó al padre, a la madre y a sus compañeros y entró adonde estaba la niña. Sujetándola de la mano, le dijo: -“Talitha kumi”-, que significa: “Chiquilla, yo te digo, ¡levántate!”. Al instante la niña se levantó y se puso a caminar. Tenía doce años.
Mc 5, 39-42

No estás muerta, estás dormida…
Mois

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María inside

She was lost
In so many different ways
Out in the darkness with no guide
I know the cost of a losing hand
But for the grace of God, oh, I

I found Heaven on Earth
You are my last, my first
And then I hear this voice inside
Ave Maria

I’ve been alone
When I’m surrounded by friends
How could the silence be so loud
But I still go home
Knowing that I’ve got you
There’s only us when lights go down

You are my Heaven on Earth
You are my hunger, my thirst
I always hear this voice inside
Saying Ave Maria

Sometimes love can come and pass you by
While you’re busy making plans
Suddenly hit you and then you realize
It’s out of your hands
Baby you’ve got to understand

You are my Heaven on Earth
You are my last, my first
And then I hear this voice inside
Ave Maria
Ave Maria
Ave Maria

Tan pequeña y humilde que albergó en su seno a Dios.
Mois

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Destrozando vidas – El juicio

Acto tercero

– Todos en pie. Preside el juez Delavilla.
Todos se levantaron de sus asientos. El juez entró y les indicó que podían sentarse. Se enfrentaba al juicio más mediático que jamás había tenido, y no sabía muy bien qué hacer. La sociedad estaba dividida. La opinión pública no llegaba a un acuerdo. Unos veian en él a un sanguinario asesino, cruel y despiadado. Otros, veían en él a un “héroe” que había equivocado sus formas, pero que buscaba la salvación de todos.
El juez preguntó cómo se declaraba en acusado por la muerte de la ministra de igualdad, a lo que éste, sin temblarle la voz, contestó un sereno: – Culpable -.
– ¿Es usted consciente de la gravedad del asunto que tratamos en este juicio? – indagó el juez.
– Sí, lo soy, señoría. Pero antes de que me imponga mi merecido castigo quisiera hacer una reflexión a los presentes y a todos aquellos que verán, escucharán o leerán mis palabras en los medios. Jamás debí arrebatar la vida a una persona. Deseo que nadie en este mundo lo haga jamás. No es la culpa ni el remordimiento lo que mata por dentro. Es el hecho de haberse deshumanizado. No hay nada tan deshumanizador como acabar con la vida de un semejante. ¿Por qué, pues, cometí semejante atrocidad? Necesitaba llamar la atención sobre la importancia de la vida. Son ustedes los mismos que, por un lado, se espantan y alarman y levantan todo tipo de maldiciones contra mí ante mi crimen, quienes, por otro lado, pasan por alto la innumerable cantidad de aberraciones contra la vida que sufren miles de niños inocentes amparados por la ley. ¿Cómo comprender a alguien que se espanta ante lo que yo he hecho y no se espanta ni aborrece a aquellos que practican la aniquilación legal, aquellos que la realizan, promueven leyes a su favor o la defienden? ¿Soy acaso más asesino que ellos? No. Soy igual de asesino. Soy un sinsentido que, como ustedes, necesita comprender el valor fundamental e insustituible de cualquier vida. Sea de quien sea. Sea buena o mala persona. Sea adulto o no nato. Nadie, ni una madre, ni un padre, ni un hermano, ni un hijo… absolutamente NADIE tiene derecho a decidir sobre la vida de un semejante. Y si yo soy criminal, que lo soy, ustedes también lo son. Ahora, señoría, impóngame el castigo que merezco… porque lo merezco. Pero recuerde que este castigo también lo merecen aquellos a quien me he referido. Gracias por escucharme.
El juez miró al acusado perplejo ante su reflexión. Y tras imponer la pena que dicta la ley ante los casos de asesinato con premeditación, se fue a casa cabizbajo, sabiendo que algo arañaría su corazón, al menos, durante los próximos días.

Mois

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Destrozando vidas – El dilema

Acto segundo

No debes hacerlo. Parece mentira que tú, defendedor a ultranza de la vida estés pensando estas cosas. Olvídalo, sólo te lo imaginas en tu cabeza con aires de grandeza, pero no te atreverás a cumplirlo. No eres así. Es la ira la que te habla, pero nunca la has escuchado y no lo vas a hacer ahora.

Acabarás haciéndolo. Sólo tienes que alimentar la idea en tu cabeza. Piénsalo fríamente: tendrás la repercusión mediática necesaria y tal vez acabes con un gran mal. Es solo un mal menor.

No te lo crees ni tú. Deshazte de esa idea absurda. Nunca has hecho daño a propósito, no puedes pensar que vas a matar a alguien. No está en tu naturaleza. Te convertirás en uno de ellos… y eso invalidará tus argumentos.

Es la única salida. Las demás vías se han agotado. Hay que acabar con este genocidio. Una cabeza, eso es todo. “Más vale que muera uno, a que perezcan todos”. Lo has leído. Él te perdonará, tu causa es buena. Es como si mataras a Hitler para que cesara su infamia.

No lo hagas. Serás un hipócrita. Ojo por ojo y diente por diente. Mancharás tus manos de sangre inocente. Aunque sea la responsable, su sangre es inocente.

No. Su sangre no es inocente. Hay que parar esta locura y sólo hay una manera. Solo debo sacrificarme. Por el bien de muchos. Dar la vida, pudrirme en la cárcel. Voy a hacerlo. Está decidido.

Mois

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Destrozando vidas – La herida

Acto primero

Se acercó a ella con las manos en los bolsillos. Llevaba la cabeza agachada, mirando al suelo, consciente de lo que sucedería unos instantes después. Su corazón latía con fuerza, sabía que no estaba bien, pero ya estaba decidido.
Se plantó delante de ella y, temblando por dentro y sereno por fuera, sacó su mano del bolsillo con la pistola amartillada, apuntó a la frente y disparó.
El eco sordo del disparo conmocionó por un instante a los que estaban a su alrededor. Pronto, la policia de seguridad se abalanzó sobre él, pero no opuso resistencia. No intentó herir a nadie más, su objetivo estaba cumplido. Dócilmente se dejó esposar, sonrió con tristeza a quién pudiera estar mirando y no se atrevió a mirar aquel cuerpo sangrante que yacía inerte en el suelo por obra de su mano.
Las sirenas inundaron la calle y la policia y los sanitarios no pudieron más que confirmar lo sabído: la mujer estaba muerta. Se acababa de abrir una herida social que sangraría salpicando todos los foros de opinión.

Mois

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