Buscando mi nombre

Mois Veros

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Hora TeTal

El reloj se quedó sin pilas… justo en ese instante.


Nuevas tradiciones y nuevas personas lo celebrarán.
Mois

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Esperanza en un niño

¿Qué es la Navidad? Y la pregunta resuena en mi cabeza, como un eco sordo, chocando contra las pareces de un cráneo aparentemente vacío. ¿Qué es la Navidad? me pregunto.

Y de repente, surgen miles de imágenes ante mis ojos: navidad es el turrón; navidad son los regalos; navidad son los villancicos; navidad es… “ya es navidad en El Corte Inglés”. Siendo un poco menos materialista me surgen otras imágenes: navidad es alegría; navidad es la familia; navidad es reunión, navidad es compartir.

Algunas de estas cosas están muy bien, y son muy necesarias, pero esas respuestas no me convencen. Entonces, ¿qué es lo que estoy buscando? Si le quitamos a la Navidad todas esas capas superfluas ¿qué nos queda?

Entonces es cuando viene a mi cabeza una idea un poco más profunda: Tres cosas hay que permanecen: la esperanza, la fe y el amor. Pero la más grande de las tres es el amor. (1Cor 13,13). Y se me ocurre que estas tres “cosas” son como las tres etapas fundamentales en la vida de Jesús.

La esperanza, relacionada con su nacimiento. Esa esperanza en el Mesías que había de venir. Me imagino a los hebreos esperando la llegada de un “Godman”. Una especie de Hombre-Dios a lomos de un corcel dispuesto a pasar por la espada a aquellos romanos opresores y con superpoderes al más puro estilo Marvel. Pero para su sorpresa, ese Mesías sólo es un niño pequeño, indefenso y pobre.

La fe, relacionada con su vida pública y su transmisión del mensaje. Toda su vida fue un acto de fe, confiando en el Padre, dejando que su vida fuera Suya. Podría decirse que le resultó fácil, dada su naturaleza divina, pero Jesús también tenía naturaleza humana con todas las limitaciones que eso supone (porque Jesús no era Dios disfrazado de hombre; era Dios y era hombre).

El amor, relacionado con su muerte y resurrección. Dar la vida por los que amaba. Por cada uno de ellos: Así sabrás que yo soy el Señor, que te llamo por tu nombre (Is 45, 3). Dando sentido a la muerte y al desvivirse por los demás. Y luego resucitando y devolviendo la esperanza a aquellos que la han perdido. Un acto de puro amor.

En realidad, esto solo sería un paralelismo, ya que no podemos separar unas de otras. La vida de Jesús al completo fue la encarnación de las tres. ¿Encarnación? ¡Qué bella palabra!

La RAE nos dice que Encarnación es el acto misterioso de haber tomado carne humana el Verbo Divino en el seno de la Virgen María. ¿Tal vez sea la respuesta que ando buscando?

Creo que me estoy aproximando a la idea, pero quiero llegar más allá. Cuando la muerte nos toca de cerca solemos hacernos preguntas: ¿qué sentido tiene esta vida? ¿por qué debería mantener la esperanza? Y entonces es cuando Dios nos pone cara a cara con la respuesta: Cristo es la respuesta.

Y no se trata de un Jesús que vino hace más de dos mil años y cuya historia nos enternece y nos emociona, naciendo en un establo durante una fría noche. No se trata de un hombre lejano que pasó haciendo el bien: A Jesús de Nazaret lo ungió Dios con Espíritu Santo y poder: pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos, porque Dios estaba con él. (Hch 10, 38), pero que se ha quedado anacrónico.

Se trata de ese Jesús que cada día se hace presente en nuestra vida, que es amigo y compañero (el que comparte el pan), que es Verdad, aunque algunos quieran hacernos creer que es un invento. Se trata de ese Dios, que es tan Verdad, que no para de llamar (esa llamada del Señor que es mucho mejor que la llamada del ahorro): Escucha Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor.(Dt 6, 4). Es Jesús mismo llamando a la puerta: Mira que estoy a la puerta llamando. Si uno escucha mi llamada y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo. (Ap 3, 20).

Se trata de ese Jesús que es Vida, que se Encarna para dar Vida y traer esperanza. La Navidad es la prueba del amor de Dios. Es la Vida de Jesús. No un evento conmemorativo de que nació y “cumple años”, no una celebración de “aquello que fue”. Navidad es la esperanza. Navidad es el preludio de la resurrección, porque sin Encarnación no hay cruz ni resurrección. Navidad es el “sacramento” de la Encarnación. Navidad, esencialmente, es Jesús.

Y si la Navidad es Jesús, busquemos encontrarnos con Jesús, buscad (busquemos) el Reino de Dios. Y todo lo demás (turrón, villancicos, familia, solidaridad, alegría…) se os (nos) dará por añadidura. (Mt 6, 3 / Lc 12,31)

Artículo para la revista parroquial Caminant.
Mois

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Indescriptible

Hay muchas formas de quererse, ¿sabes? pero la suya era… total. Un amor puro, increible, alucinante. Un amor especial como hay pocos. Y ellos lo sabían. Todos los enamorados del mundo creen que su amor es único y distinto, pero el de ellos sí lo era. Estaban hechos el uno para el otro, se tenían y deseaban fundirse en uno solo. Cuando estaban juntos el tiempo se aceleraba, y cuando estaban separados se hacía eterno. Cada beso, cada caricia, era un puro sentimiento desnudo. Podían pasarse horas mirándose a los ojos y nada más, pero cuando se acariciaban, se besaban… entonces… no hay palabras para describir esa emoción.
97 formas de decir “te quiero”

A veces no hay palabras…
Mois

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