Buscando mi nombre

Mois Veros

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Haz que cuente

– Así, cada día cuenta.
– ¡Por que cuente!

Haz que cuente. Reúnete conmigo junto al reloj.

Mois

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Amarte en silencio

Amarte en silencio,
Es perder la noción de lo bueno y lo malo, del tiempo.
Es poner a luchar la razón y la fe en cada encuentro.
Es rozar la locura, perder la cordura
Vivir la sin razón
Amarte en silencio es la contradicción.
Amarte en silencio es vivir a la espera de una mirada,
De un gesto.
Apurar los segundos, hacer de un minuto lo eterno.
Es amar lo prohibido, querer lo imposible,
Vivir la sinrazón.
Amarte en silencio es la contradicción que me hace esperar.

AMARTE EN SILENCIO
VIVIVIRLO EN SOLEDAD
ESPERANDO UNA SEÑAL
VENCER A LA VERDAD
QUE NOS ALEJO, QUE NOS DISTANCIO.
AMARTE EN SILENCIO
ES LA CONTRADICCION QUE ME HACE VIVIR.

Amarte en silencio
Es morir poco a poco,
Esperando un milagro del cielo.
Es morderse los labios,
Ahogar las palabras “te quiero”.
Es rozar la locura, perder la cordura,
Vivir la sinrazón.
Amarte en silencio
Es la contradicción que me hace esperar.

Si pudiera vencer al silencio…

Mois

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Mi chica

– ¿Pensarás en mi?
– ¿Qué?
– Digo… si no te casas con el señor Bixler.
– Mmmmh… quizá.

¿Pensarás en mí?

Mois

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V de Victoria

Dicen que la muerte está tan segura de su victoria

que nos da toda una vida de ventaja.

Pobre necia, no conoce el poder del Resucitado.

Mois

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Sin miedo

Al final de mis días apareció una figura frente a mi. Llevaba la cara oculta por una oscura capucha a través de la cual podían apreciarse unos terroríficos ojos.
La miré de frente. Ella me miró.
– Es la hora – dijo.
– Aún no. Aún queda una cosa más.
Miré atrás y sonreí.
– Hasta luego.
Volví a mirarla a los ojos, pero no vacilé. No sentí el temor que creí que sentiría al encontrarme frente a ella. Comencé a andar hacia ella y al contacto con ella… desapareció como el viento.

No te tengo miedo.

Mois

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Mirar la botella

La botella no está ni medio llena ni medio vacía.

La botella es el doble de grande de lo necesario.

“La vida nos viene grande”

Mois

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Zapatero

Penacho de plumas, penacho de espuma
como de cerveza,
como rubia trenza que no cesa.
De subir, de subir a lo alto
hasta la azotea a mirar el cielo.
Donde vives ahora,
en una casa baja;
donde pasas las noches
en tu cama de escarcha.
Mándame en un sobre
tu sonrisa rota.
Rápido García.
Yo te la compongo.

Se reparan botas,
bolsos de cuero y alpargatas,
canastos de mimbre, diademas de borlas.
Que no hay nada más.
Que no hay nada más
mientras nuestros labios se quieran besar…
Que no hay nada más.
Que no hay nada más
mientras nuestros labios se quieran besar…
Que no hay nada más
mientras nuestras bocas se quieran besar.
Con nieve de nardo
yo te la remiendo.
Con tela del aspa
de un molino viejo.
Con polvo del brillo
de un trozo de espejo.
Con el rabo blanco
de un gato perplejo.
Que no hay nada más.
Que no hay nada más
mientras nuestros labios se quieran besar…
Que no hay nada más.
Que no hay nada más
mientras nuestros labios se quieran besar…
Que no hay nada más.
Que no hay nada más
mientras nuestros labios se quieran besar…
Que no hay nada más.
Que no hay nada más
mientras nuestras bocas se quieran besar.
Mándame en un sobre
tu sonrisa rota.
Yo te la compongo
que soy zapatero.

Que soy zapatero,
que soy zapatero remendón…
Que soy zapatero,
que soy zapatero remendón…
Que soy zapatero,
que soy zapatero remendón.

Abierto siempre que necesites reparar tu sonrisa

Mois

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Querer de más

No es justo “querer de menos”, pero ¿es injusto “querer de más”?

A lo mejor es que en el amor no se puede ser totalmente imparcial.

Mois

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Si he de ir al infierno

Dicen que los niños y los borrachos nunca mienten, pero yo no estoy de acuerdo. Sin embargo, esta vez haré una excepción y creeré lo que aquella noche sucedió:
Mi amigo estaba completamente borracho. Quién sabe cuántos cubatas llevaba ya encima, pero el caso es que se me acercó y empezó a hablarme. Al principio no le hice mucho caso a aquello que empezó a contarme, pero de repente me sobrecogió.
Me dijo:
– No creo en Dios y lo sabes, pero… si existe quiero que consigas que me conceda una cosa. Ya sé que soy un descreído y que me merezco ir al infierno, no me importa. Me da igual lo que me pase, pero por favor… que mi abuela vaya al cielo. Es una santa y se lo merece. No quiero que ella tenga que ir al infierno… yo lo merezco, pero ella no. Ella se merece lo mejor, así que prométeme que vas a rezar por ella.
– Vale, no te preocupes. Eso está hecho.
– ¡Prométemelo! -insistió. -Prométeme que irá al cielo, aunque yo arda en el infierno toda la eternidad.
– Está bien. Te lo prometo.
– Gracias.
Y justo después empezó a contarme historias y batallitas de su curro.

No soy digno de que entres en mi casa. Dilo de palabra y se salvará.

Mois

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