Buscando mi nombre

Mois Veros

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La calle del olvido

Ahora que todo acabó y que el tiempo te ha vencido,
y tu amigo te dejó dices que cuentas conmigo.

Como tienes el valor, yo que siempre me he dolido
de recordar lo que fue y lo que pudo haber sido.

Por la calle del olvido vagan tu sombra y la mía,
cada una en una acera por las cosas de la vida.

Por la calle del olvido donde nunca brilla el día,
condenados a una noche tan oscura como fría.

No sabes lo que luché para no soñar contigo
y no quieres entender que por fin lo he conseguido.

Yo estaba dispuesto a todo para tenerte conmigo
hasta hubiera trabajado, y te fuiste con mi amigo.

Por la calle del olvido vagan tu sombra y la mía,
cada una en una acera por las cosas de la vida.

Por la calle del olvido donde nunca brilla el día,
condenados a una noche tan oscura como fría.

Al final, el tiempo puso a cada uno en su sitio.

Mois

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Historia de un GPS

No voy a venderme a cualquier precio. No estoy de saldo, no soy una oferta. No tengo ganas de que cualquiera me compre.
No me pondré en el escaparate, pero tampoco me encerraré en el almacén. Me pondré en la estantería y esperaré que alguien esté dispuesto a pagar mi precio, lo que realmente valgo.
Desde aquí veo a otros GPS más baratos, con otras prestaciones. Yo soy como soy, y quien me compre debe tener claro que soy así y no de otra manera. Quien me compre deberá encontrarme, pero no voy a esconderme; tendrá que buscar, pero no se lo complicaré a propósito. Me haré accesible sin suplicar atención. No me colgaré el cartel de “fin de existencias”.
Sí, soy un GPS en venta, pero no a cualquier precio. Y recuerda leer la letra pequeña, no quiero sorpresas cuando esté en tu coche. No soy de usar y tirar, soy de utilidad indefinida. Gracias si decides comprarme. Pienso que será una buena inversión.

Por su precio original, o mejor oferta.

Mois

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Somos

Así eres tú, así soy yo.

Así somos. Así nos queremos.

Mois

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¿Por qué lo haces?

Me miró con lágrimas en los ojos:
– ¿Por qué haces esto? ¿Por qué entras en mi montón de mierda?
Y con un nudo en la boca del estómago sólo pude decir:
– Para sacarte de él…

Agárrate con fuerza. Saldremos de esta.

Mois

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Ser papá

Cualquiera puede ser padre…

pero hay que ser muy especial para ser papá.

Feliz primer mes

Mois

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San Pedro

Una noche de buen vino y de mejor compañía
anduvimos por la calle hasta aplastarnos el día
y nos bañamos vestidos como en un día de boda.
En la villa de San Pedro vi el paraíso en su boca.

Y su madre en la cocina preparándole la cena
nadie cena como en casa si la que guisa es mamá.
Y el mundo ajeno a lo nuestro iba a su velocidad
mientras que ella y yo anudados nos prometimos el mar.

Nos prometimos el mar lleno de vida y de sal,
llenamos el corazón, violencia y calma a la vez,
él es el mismo traidor, azul o verde da igual.
Nos prometimos el mar.

Y me he pasado las horas apoyado en la farola
que daba luz a su puerta sólo por verla pasar,
aguantando las tormentas por regalarle una rosa,
rosa que nunca le dí, y ya no la volví a ver mas.

Nos prometimos el mar lleno de vida y de sal,
llenamos el corazón, violencia y calma a la vez,
él es el mismo traidor, azul o verde da igual.
Nos prometimos el mar.

Uno y una no son dos, uno y una es lo que es,
y un día yo tomé mi senda y ella la suya también
y si el destino quisiera hacer con las dos un lazo
me agarraré a su cintura y haré un nudo con mis brazos
porque una noche sin luna nos prometimos el mar.

La vida son 4 días y yo por el tercero voy,
Y ese día que me queda lo soñé para los dos,
pero si por una de estas ella no vuelve a pasar
recordaré que en San Pedro nos prometimos el mar.

Nos prometimos el mar lleno de vida y de sal,
llenamos el corazón, violencia y calma a la vez,
él es el mismo traidor, azul o verde da igual.
Nos prometimos el mar.

Le regalaría una rosa… si la volviera a ver pasar.

Mois

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Triunfo

No hay victoria sin renuncia,

no hay gloria sin sacrificio.

Para resucitar primero hay que dar la vida.

Mois

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Ojos que te quieren

Me abrazaste temblando, sin querer soltarme. Yo te devolví el abrazo y noté cómo empezabas a llorar. Casi no pude contener mis lágrimas, pero reuní valor y te susurré al oído “te quiero”.
Entonces, sin decir nada, me agarraste con más fuerza. Terminamos de abrazarnos y debía irme. Te vi sonreir mientras llorabas.
Y entonces, de nuevo, estuve a punto de llorar.

Y no me había dado cuenta de que cuando el sol te da en la cara, los ojos se te vuelven verdes….

Mois

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Complicaciones

¿Por qué nos gustará tanto complicar las cosas?

Mois

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Locuras de amor (y III)

– Vaya, así que esa es la historia de Laura. Al fin la has contado completa – dijo Toni.
La mía es tal vez más ridícula.

– Llevabamos saliendo a escondidas 6 meses. Nadie lo sabía, excepto ella y yo. Nos las habíamos arreglado para parecer “sólo amigos” a los ojos del mundo, pero no era así y yo quería que la cosa fuera más en serio.
Recuerdo que esa semana se puso enferma y no fue al trabajo. Yo solía esperarla a la salida, porque siempre salía antes. Pero esos días se me hacían muy largos sin ella, así que decidí escaparme del trabajo e ir a verla.
Cuando llegué a su casa, me encontré a su madre, que había ido a cuidarla. Me presenté y me sonrió. Me invitó a comer. Mientras ella andaba por la concina me acerqué a Marta y la besé en la frente. Tenía mucha fiebre. Por la tarde tenía que volver al trabajo, así que le dije que la llamaría. “Me han robado el movil”, dijo triste.
Así que antes de salir, justo después de darle un furtivo beso cuando su madre no miraba, le dejé mi movil en la mesilla. “Es un regalo”, pensé.
Aproveché para llamarla esos días a mi movil y así pude saber de ella.
Unos días más tarde, cuando ya estaba recuperada, alguien llamó a mi móvil (el del trabajo). Era su madre, que me invitaba a comer con ella y toda su familia. “Este es el momento de hacerlo público”, pensé. Llegué y todo el mundo fue amabilísimo conmigo. Parecían sospechar, pero yo no quise decir nada mientras ella no me diera pie. Sin embargo pasó el día y ella me acompañó a casa.
Al llegar al portal, sacó mi móvil del bolsillo y me lo devolvió. “¿Eso es que ya tienes uno nuevo?”, le pregunté sonriente. “No, eso es que quiero romper contigo”, dijo con un hilo de voz. “No quería que conocieras a mis padres, porque sabía que les cogerías cariño y yo no tenía esperanzas en lo nuestro. Lo siento”. Y dando media vuelta se fue. Tal vez no fue un ridículo público, pero me sentí como si hubiera hecho el idiota delante de miles de personas.

– Jo, parece que al final todos tenemos nuestra historia – dijo Fran. Si uno lo piensa, siempre encuentra algo que contar, ¿verdad?
– Sí, es cierto – contestó Alberto. Aunque aun hay uno que no ha contado nada.
– Preguntas tú y luego no cuentas nada – intervino Toni, mirándome.
– Y bien -volvió a tomar la palabra Fran, – ¿cuál es la tuya?

Mois

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