Buscando mi nombre

Mois Veros

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Diario de una toxicómana

Mmmmh… que bien me sienta este chute. Además, después de todo el día dando vueltas de aquí para allá.

Antes me he despertado en casa del colega, y ha sido abrir los ojos y entrarme el mono. Me he levantao a ver si encontraba algo pa meterme, pero no había de ná, así que me he tenido que vestir pa ir a pillar algo a la calle.

No sé qué horas serían, pero estaba to oscuro. Supongo que habré dormido hasta las mil y sería hora de cenar. Pero qué más daba cenar… yo necesitaba un chute.

Al final ha resultao que no “más daba”, porque me he desmayao en plena calle y ahí que me he quedao to tirá. Por lo visto he entorpecio a alguien, porque si no aun estaría allí to tirá, pero alguien se ha apiadao de mí o no le he parecido basura que debiera estar tirada, sino escondía y me ha llevao al hospital. Seguro que era un mierdas que lo único que le importaba era tener su impoluta conciencia tranquila.

Me han hecho sentarme en una silla de ruedas y allí me han tenido to el rato que han querío y más. Yo ya no aguantaba más de que me tuvieran ahí atrapá sin hacerme mierda de caso y me he puesto a pegar gritos. Ha estao to guapo.

– ¿Qué pasa, que como soy toxicómana no merezco atención? – he gritado. Se han quedao pasmaos.

Un chico enfrente de mí me miraba atónito, atontao más bien diría yo, así como absorvío. ¿Qué le pasará a este tío pringao, ahí sentado en su silla de ruedas, totalmente en silencio, con su ropita de buen vestir?

No, si aun me mirará con lástima el muy pijarras. Pues a mí me van a atender antes que pa eso he llegao antes.

– Darme algo pa comer, no tengais mala baba. Que la boca me sabe a asco y no os cuesta na. Y si me dais un chutillo mejor que mejor.

Na, ni caso. Al final me han dao un papelote de un centro de desintoxicación. Claro, como si me pudieran ayudar. Menos mal que he salío y he vuelto a casa del colega, que ahora sí que estaba y traía un par de dosis. Lo que pasa es que ya no me sube como antes, pero me la tengo que meter o no soy nadie. Igual tienen razón esos mierdas y debería ir a que me limpiaran por dentro a ver si no voy tol día ansiá…

Buá, ya lo pensaré que ahora necesito dormir.

Mois

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Más personas

Hace falta menos gente…

…y más personas.

Mois

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Cuando Emilio se encontró con el Padre

Y llegó el día en que Emilio murió y fue al Padre. Dios, al verlo lo saludo con cariño.
– Bienvenido, Emilio. – decía mientras lo abrazaba – Cuánto has tardado! Te esperábamos hace tiempo!
– Lo sé, Señor, perdóname – comenzó a decir Emilio – pero encontré un lugar maravilloso con gente maravillosa y quería compartir unos cuantos días más con ellos.
– Cuéntame más – dijo Dios.
– Se trataba de un foro. Estaba lleno de amor, de personas que traspasaban la pantalla y te abrazaban, que te sonreían a diario y te hacían sentir mejor. Yo les decía que era su abuelo y ellos mis nietos. Creo que a todos les gustó tener un abuelo “adoptivo”, aunque la mejor parte me la llevé yo.
Aprendí a colgar imágenes -prosiguió Emilio- para adornar los mensajes. Al final no era tan difícil si seguías las instrucciones de Pilar. Y escribía con letras de diferentes tamaños y colores!
Participaba humildemente con mis torpes ideas, pero con toda la fe y el cariño que podía. Sabes que mientras estaba allí sentado escribiendo no dejaba de pensar en ti y que te apretaba en mi cruz de bronce ofreciéndote mi dolor.
¿Recuerdas cómo te pedía que te descubrieras ante mi amigo, el que no creía en ti? Te pido que dejes que te conozca. Me alegrará verle llegar, más aun si ha llegado a conocerte.
Cuida de todos ellos… sobretodo de mi Conchita. Qué rabia haberla dejado allí y haberme venido yo, con lo mal que lo pasará. Qué egoísta soy. Perdóname también por eso.
Hizo una pequeña pausa y continuó:
– Sabes cuánto amaba los foros, pero sobretodo a las personas que habían detrás… por eso comprenderás que tardara en llegar.
– Claro, Emilio. En realidad eras un regalo que quise hacerles antes de que llegaras. Gracias por cumplir mi Plan.
Y Emilio, emocionado, comenzó a llorar.

Con certeza, Emilio está explicándole a Dios cómo va esto de los foros

Mois

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Mi patria

I, ja que parles de pàtria, quina és la teva?

Mi patria en mis zapatos, mis manos son mi ejercito.

Mi patria es allá dónde estoy, lo cual no significa que no tenga raíces, sino que las personas están por encima de la tierra que piso.

Mois

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Confessions on subway floor

– Te quiero.
Fueron las palabras que abrieron la ventana de mi corazón.
Por su cara, deducía que mi “pues sí, me gustas tú. Te quiero” no era la respuesta que esperaba a su “¿pero te gusta alguien?”.
Llegó su parada. Tuve que bajarme con ella aunque me quedaban varias para llegar a casa. No podía dejarlo así.
– Ahora es cuando tú dice: “Oh, sí, yo también te quiero…” y te casas conmigo, o me das una patada en el trasero, un par de palmaditas en la espalda y me sugieres: “búscate uuna novia”. Me da igual lo que decidas (en realidad no, pero para el caso igual da), pero POR FAVOR -enfaticé- no te quedes indiferente, no te rías nerviosamente diciendo “deja de bromear, tonto” porque esa respuesta, en este momento, ya no me vale.
Se quedó callada, abrumada por la situación.
– Es que no sé qué decir.
– Bueno, acabo de jugármela a todo o nada, así que te agradecería que fueras sincera.
– Me gusta mucho estar contigo… pero…
– Siempre hay un pero -sonreí. Esperó un instante y continuó.
– … pero quiero a mi novio.
– Era de esperar. Sólo faltaba que no quisieras a tu novio.
Se rió. Al parecer mi absurdo comentario le pareció divertido.
– No te preocupes, “se me pasará”- “siempre se me pasa”, pensé.
– Pero no quiero que dejemos de vernos. Me lo paso genial cuando estoy contigo .
– No tenemos por qué dejar de vernos. Pero yo tengo “una faena”, así que me será muy útil no verte “tan a menudo”.
– No te enfades…
– No me enfado. Son cosas que pasan. Además, es muy bonito sentirse querido -volví a sonreir.-Y ahora me voy o llegaré tardísimo.
Me dio un beso en la mejilla.
– ¡Nos vemos!- le guiñé un ojo y subí.

Llegué a casa y comencé a deambular por el pasillo. Acabé sentándome frente al ordenador. Una ventanita me saludó:
– ¿Qué tal tu “cita”? ¿Ha ido bien la merienda y el cine?
– Bien. ¿Qué tal tu día?
– Aburrido… un día sin más. No creo que lo recuerde especialmente.
Le envié un detalle.
– ¡Eres un sol! – contestó.- No sé por qué no tienes novia.
Me sonreí.

…y por ese abrazo, aquel aburrido día mereció la pena.

Mois

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Un lío

Usted aprende y usa lo aprendido,
para volverse lentamente sabio,
para saber que al fin el mundo es ésto,
en su mejor momento una nostalgia,
en su peor momento un desamparo,
y siempre, siempre
un lío.

M. Benedetti

Un lío que te obliga a Confiar o desesperar.

Mois

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Y ya veremos

¿No ves que no sois iguales?
Eres la de: “quédate conmigo, prometo darte tormento, darte malos ratos…”
Yo te prometo, si me escuchas niña, darte arte,
que no es lo mismo que: “quédate y ya veremos”.
Quédate y ya veremos…


No es lo mismo tú que otra, entérate, no es lo mismo.

Mois

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¿Por qué escribir?

Hace unos días, Cris me invitaba a responder a la pregunta “¿por qué escribes tu blog?”.

Podría escribir teorías interminables sobre el por qué basándome en argumentos lógicos, teologicopastorales, didacticodivulgativos, humorísticos e incluso anecdóticos.

Pero no escribo por teorías, más o menos bien argumentadas, sino por una necesidad inherente de expresión. Necesidad de hablar, divagar, escribir, mostrar, reir, respirar… y un blog permite hacer eso y más. Poner imagen a lo que pienso o escribo, ver que una idea que tengo en mi cabeza cobra forma y se matiza, es una manera de expresarme hacia mí mismo y hacia los demás.

Escribo lo que escribiría en mi libreta (la mayoría de cosas que escribo pasan antes por ella), frases que me gustan, cosas que me dicen, historias que se me ocurren…. Un poco el caos de mi cabeza.

Una vez descubrí que, aun sin saberlo, hay cosas nuestras que pueden servir a otros. Y es por eso que las cosas que aparecen en el blog no están metidas en un cajón, guardadas a cal y canto sino en Internet, al alcance del click de cualquiera que por “coincidencia” o por busqueda llegue hasta el.

Y es que mi blog trata de eso. De mi búsqueda. De la búsqueda de mi mismo, una búsqueda en la que es bueno compartir el camino, aunque haya etapas que sea necesario recorrer solo. Una búsqueda que, en sí misma, ya es parte de la respuesta. Una búsqueda que me dirá quién soy.

¿Por qué escribo un blog? No lo sé a ciencia cierta, pero supongo que la pregunta podría ser a la inversa. ¿Por qué no mi propio blog?

Y, qué diantres, también porque en el fondo me encanta escribir.

Mois

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Con el mismo latir… a pleno pulmón

Yo le regalé un pulmón…

…y ella, a cambio, un ángel y un corazón.

Con tu aliento no cabe en mi la desesperanza.

Mois

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Sin condiciones

Quiero que me oigas sin juzgarme.
Quiero que opines sin aconsejarme.
Quiero que confíes en mí sin exigirme.
Quiero que me ayudes sin intentar decidir por mí.
Quiero que me cuides sin anularme.
Quiero que me mires sin proyectar tus cosas en mí.
Quiero que me abraces sin asfixiarme.
Quiero que me animes sin empujarme.
Quiero que me sostengas sin hacer cargo de mí.
Quiero que me protejas sin mentiras.
Quiero que te acerques sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten.
Que las aceptes y no pretendas cambiarlas.

Quiero que sepas…
Que hoy puedes contar conmigo…
Sin condiciones.

Jorge Bucay (Fragmento de “Cartas para Claudia”)

Aquí la tienes, sobre la mesa. Te ofrezco una amistad sin condiciones.

Mois

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