Buscando mi nombre

Mois Veros

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Fue terrible aquel año

Fue terrible aquel año, de sequía y de miedo.
Fue terrible aquel año, recordarlo es bueno.
Ganaron las derechas, año amargo en política.
Y los médicos no hallaron vacuna para el SIDA.

Fue terrible aquel año, morían niños en África.
Y aquí mismo en mi calle mataban a un mendigo sin patria,
a una infeliz prostituta, a una esposa maltratada.
Terrible fue aquel año, los Balcanes humeaban.

Fue terrible aquel año, los días eran fríos
y cada vez más cortos. Los meses eran ríos,
arrastrando abandono. El amor era olvido.
No hubo nubes, no hubo lluvia. El otoño estaba prohibido.

Fue terrible aquel año, celebraron convenciones
sobre la capa de ozono, y rompieron los hombres
la moratoria en la caza de lobos y ballenas.
Terrible fue aquel año, corría la sangre en Chechenia.

Fue terrible aquel año, los días eran fríos
y cada vez más cortos. Los meses eran ríos,
arrastrando abandono. El amor era olvido.
No hubo nubes, no hubo lluvia. El otoño estaba prohibido.

Fue terrible aquel año, de hambre, de guerra,
de ideas perseguidas, de oraciones y miseria.
Fue terrible aquel año, no consigo olvidarme.
Fue terrible aquel año en que tú, tú me dejaste,
tú me dejaste.

Un nuevo año que acaba… y sólo fue terrible cuando no amé.

Mois

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Santos inocentes

Querida mamá:

Soy tu hijo, ¿recuerdas?. No he desaparecido, pues Dios me infundió un alma eterna en el momento en que fui concebido. No vi nunca la luz del día pero vivo para siempre.

Sé porqué me mataste. El que debió haber sido mi padre andaba lejos del país. Tu te sentías sola porque él andaba muy ocupado en sus negocios. En su ausencia, surgió otro hombre. De ese romance fui engendrado yo.

Nunca olvidaré los meses que me acunaste en tu vientre, ¡me sentí tan seguro y amado!. Comprendo que no me desearas, ¿qué pensaría papá a su regreso? Había que blanquear el desliz matando al delator, y ese era YO. Por entonces no supe de las discusiones con tu amante, pues él quería verme nacido y tú no. ¡Qué peleas, hasta que le arrancaste el dinero que costó mi defunción! A todo le ponen precio, hasta el asesinato de un inocente. “Qué caros son los abortos”, comentaste.

No justifico tu crimen, pero te perdono. Perdono a papá por haber sido tan irresponsable. También perdono al que, vestido de blanco, se manchó con mi sangre. ¡Qué dolor cuando me punzó con aquella enorme aguja y después me despedazó a sangre fría!. Sé que tú nunca olvidarás el ruido de aquella aspiradora que se tragó mi cuerpecito a pedazos. Sé que te causó un trauma que llevas en silencio tratando de pensar que no fue nada. Sí era algo, era alguien… era yo, tu hijo.

Conozco mamá, tus largas noches en vela y tus sobresaltos. Sé que luchaste mucho en tu interior sobre tu decisión de abortarme. En el fondo me amabas pero pudo mas en ti el miedo. Sé que me amabas, pues aun sueñas conmigo y más de una vez te has preguntado, con remordimientos, si soy niña o niño, piensas como sería hoy día y que alegrías te hubiera traído… ¡Soy niño! Me parezco más a ti que al seductor con el que andabas. ¿Cómo me vas a olvidar, si yo a cada momento pido a Papá Dios que borre esas pesadillas que turban tu descanso y te dan muerte en vida? Por eso, qué alegría cuando buscaste a un sacerdote que te inspiró confianza y te reconciliaste con el Señor de la Vida.

Querida mamá, quiero verte feliz. Recuerda los consejos que te dio el sacerdote al despedirte: “hija, Dios padre ya ha hecho su obra de amor en ti y a su tiempo iras sanando”. Mientras te estoy escribiendo, tengo a mi lado a mi amigo Antonio. Lo mató su mamá porque ella decía ser demasiado joven para ocuparse con ser madre. Tampoco él recibió nombre alguno de sus padres pero si de Dios quien nos ama infinitamente. Tengo muchísimos amigos que corrieron la misma suerte. A Carlitos lo abortaron porque su madre fue violada. El odio y el dolor resultante lo descargaron sobre el pobre inocente. Él siempre pregunta: “¿Por qué si mi mamá no amaba al hombre que la violó, me mato a mí, que la hubiera amado siempre y jamás me hubiera avergonzado de ella?”.

Aquí en el reino del amor, solo entendemos el lenguaje del amor. Por eso, no comprendemos esos “argumentos” acerca del aborto: por malformación del feto, por violación, por dificultades económicas de los padres, por no querer más hijos…

Me cuentan que ni las guerras, ni Hitler con sus cámaras de gas letal han realizado tan brutal y desmedida masacre. Con los abortos se ha privado a la humanidad de brillantes poetas, sacerdotes, médicos, filósofos, músicos, pilotos, estadistas, pintores, arquitectos, santos y santas. A mí todos me dicen que quizá hubiera sido un habilidoso cirujano o un pianista a lo Mozart. Cuando nos reunamos, ya verás qué manos tengo, mami. Lo que más me gusta es cuando me dicen “tu mamá tiene que ser muy hermosa”.

No llores mami. Confía en Dios hasta que nos volvamos a ver. ¡Ah, se me olvidaba! Aunque me consumo por verte, no te des prisa en venir, pues mis hermanos te necesitan. Hazle a ellos lo que nunca pudiste hacerme a mí. Fíjate que cuando bañas a mis hermanitos o lo amamantas, no sé, me entra un poquito de añoranza de todo lo que pudo ser y no fue. Me hubiera gustado ser amamantado con la leche de tus pechos, ser acariciado por esas manos tuyas tan lindas y tan semejantes a las mías, manos de cirujano malogrado.

Quizás te preguntas dónde estoy. No te preocupes, estoy en los brazos de Jesús que me amó hasta derramar su sangre por mi. En Él todos encontramos la Vida.

Y termino pidiéndote un favor. No para mí, como comprenderás, sino para otros niños. Que no los maten como a mí. Si conoces a una joven que quiera abortar o a un sujeto que monta campañas a favor del aborto, un médico asesino que se burla de Hipócrates o una enfermera que se presta a ese crimen, extiéndeles el amor de Dios, nuestro Padre. Entonces acuérdate de nosotros y dile que no mate más, que los niños le pertenecen a Dios. Grítales a todos que tenemos derecho a vivir como ellos, y que aunque nadie nos ame tenemos derecho a vivir y amar.

Te espero con la boca aún sin estrenar, rebosante de besos que tengo guardados solamente para ti…

Dedicado a todos los inocentes que mueren a diario…

Mois

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Las marcas de tu piel

“(…) y amo cada una de esas marcas en tu piel que tú tratas de esconder, porque ellas reflejan que existes, que hay vida en ti.”


No quiero una muñeca de porcelana.

Mois

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Deseo

He estado redactando una lista de deseos:

Deseo que encuentres personas más inteligentes que yo, que llenen de curiosidad y conocimiento tu vida.

Deseo que encuentres personas más cariñosas que yo, que sepan transmitirte con sus gestos todo ese amor y ternura que les haces sentir.

Deseo que encuentres personas más solidarias que yo, que se entreguen por los demás hasta el final.

Deseo que encuentres personas más arriesgadas que yo, que luchen por lo que creen y no descansen hasta conseguir sus sueños, que se lo jueguen todo por los demás en su búsqueda por ser felices.

Deseo que encuentres personas más divertidas que yo, capaces de animarte en cualquier situación, que sean apoyo y sonrisa permanente para ti.

Deseo que encuentres personas más espirituales que yo, que te lleven a conocer el verdadero rostro de Dios.

Deseo que encuentres a alguien que te quiera con locura, que se entregue a ti sin medida, que no pueda vivir sin ti.

Pero sobretodo deseo que apuestes por mi, de entre todas esas grandes personas, el más simple e insignificante hombre para amarme por el más bello motivo: no por inteligente ni por cariñoso, no por solidario ni arriesgado, no por divertido ni siquiera por amarte con locura… simplemente porque sí. Porque decidas amarme a mi.

Cásate con alguien que te haga reir y con quien te guste conversar.
Todo lo demás se pasa.

Mois

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Hoy nos ha nacido el Salvador

Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El ángel les dijo: “No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: en la ciudad de David, os ha nacido hoy un Salvador, que es el Mesías, el Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.” (Lc 2, 9-12)

No temáis, estad alegres. Hoy nos ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor.

Mois

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Razones para el amor…

¿Hay razones para amar?
Nota: El video puede herir algunas sensibilidades.

Mois

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Estad alegres

ALEGRÍA, ALEGRÍA

Cuéntame tú si lo sabes, dime si el año que viene
tendremos más de lo mismo o irán las cosas mejor;
si volveré a emocionarme con el llanto de un niño,
o la ternura de un beso que alguien nos da.

Y dime tú que me escuchas, si al fin le haremos caso al corazón,
y borraremos las penas y tanto mal humor.
Dime que sí, por favor, que entraremos en razón
y viviremos la vida tratando de ser mejor.

Alegría, alegría que llegó la Navidad
no quiero copas vacías que tenemos que brindar
por nuestra felicidad y porque nuestros sueños,
en esta mágica noche, se hagan realidad.

Cuéntame tú si lo sabes y dime si todavía
no está todo perdido en este mundo de Dios;
si mi color será el tuyo y mi raza la mia,
si lo importante no se encuentra en la piel.

Y dime tú que me escuchas, si el tiempo va a romperme el corazón
si seremos capaces de hacerlo aún peor.
Dime que sí, por favor, que entraremos en razón
y viviremos la vida tratando de ser mejor.

Alegría, alegría que llegó la Navidad
no quiero copas vacías que tenemos que brindar
por nuestra felicidad y porque nuestros sueños,
en esta mágica noche, se hagan realidad.

Como la rabia de amar… Alegría.

Mois

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Desde dentro

…él no lo sabe, pero su risa se va a hacer famosa…

Mois

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No puede ser

El móvil sonó con fuerza en la oscuridad de la habitación. Entré a tientas y descolgué:
-¿Quién?- pregunté.
Ella.
Apenas unas palabras. “Necesito hablar contigo. Te quiero”.
Aparecí en aquella calle, esperándola.
Llegó y sin dudarlo me abrazó. Acababa de dejarse en casa a su familia. Padres y hermanos “abandonados” por estar allí.
Pero de repente su abrazo cesó. Habló. “No puedo seguir con esto, no soy capaz”.
Se fue.
Me quedé con la mirada perdida, observando el infinito. Ante mis ojos la oscuridad.
Desangelado, abatido, mi corazón latía por pura inercia. Se marchaba y se llevaba con ella atrapado mi sentimiento.
De pronto, un destello me hizo alzar los ojos. Sobre mi comenzó a brillar la luz verde esperanza de una farmacia.

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Buscando una palabra, por Michele Moreno

Estoy buscando una palabra
en el umbral de tu misterio…
(Silvio Rodríguez)

Nunca he sabido cómo es que en los momentos precisos de mi vida en los que necesito dar la respuesta correcta, habla el lado más idiota de mí y todo lo descompone. Es automático. Por eso la semana pasada al llegar a los Estados Unidos de América, ahí exactamente frente al güero fosforescente de migración que me preguntó -con el carisma que los identifica- “¿a qué viene a los Estados Unidos?” yo no dudé en responderle una frase hecha, creo que de Buñuel, que brincó: “I´m looking for a word”.
Inmediatamente el fosforescente llamó a uno más grande que él (y poco más oscuro), y le dijo “Dice que está buscando trabajo”… ¡Sopas! Miles de personas arriesgan su vida cruzando el Río Bravo y esta imbécil – y cínica- llega a pedir empleo directamente a Migración. ¡Vaya! “No, no, míster, dije “Word” y no “Work”. Entonces el asunto se puso más grave en sus rostros que me observaban sin misericordia alguna. Así que con mi 20% de inglés tuve que explicarles ese drama que nace por dentro al perder una palabra. Cuando terminé mi monólogo, estaban más que conmovidos (obviamente no por la historia, sino por mi fatal inglés mezclado con la emoción de andar las calles de New Orleans). Dialogaron entre ellos, y cuando yo pensé que me regresarían a México en el primer vuelo, recibí un sello con el que me otorgaban seis meses para encontrar esa palabra.
Buscando la palabra, visité una librería en la que me llamó la atención una antología de “poetas americanos”. Mas, al revisar el índice, me di cuenta de que todos los escritores eran norteamericanos. Y sí, lo más seguro es que sea ignorancia de mi parte, pero siempre me he preguntado por qué los estadounidenses llaman a su país “América”, cuando en realidad -como nosotros- pertenecen a sólo un punto del continente, recuerdo mientras veo junto a mí un encendedor con la bandera de Estados Unidos cuya calcomanía reza “God bless América”, en lo cual estoy completamente de acuerdo. Caminé algunas calles del centro de New Orleans y quedé maravillada ante esa preciosidad de miles de colores que canta día y noche. Ella es música constante, en acordes y en plantas felices que enloquecen los balcones. Y pensé que quizás “Música” era la palabra que estaba buscando. Entré a bares, y escuché grupos buenísimos y cantantes magníficos. Pero “Noche” no era la palabra, aunque fui feliz. Luego, me detuve por un rato en los periódicos, para ver el escándalo de las torturas en Irak. No, tampoco “Horror” era la palabra. Seguí mi ruta por un lindo muelle (me gustó porque no espera nada), atrapando letras juntitas que flotaban en el viento: “Siempre”, “Distancia”, “Alas”, “Insumergible”, “Tiempo”, “Nunca”. Fue inútil la búsqueda. Así que no tuve que esperar seis meses y regresé a los tres días, con muy mal clima, y con unas turbulencias que parecían fatales al vuelo. “Ángeles”, “Muerte”, “Amé”, “Fui”… “Ellos”… Y apenas había pasado una hora de vuelo. De pronto, miré por la ventanilla y vi que volábamos a poca altura, y que era posible contemplar el paisaje de abajo con total claridad. Empecé a imaginar que esas divisiones de tierra eran como partes del corazón, unas más verdes que otras, ora infartadas ora enamoradas… Y olvidé el miedo y la palabra. Después estuve pensando que la vida ha de ser algo similar: si en pleno vuelo y altura nos aterramos lo más seguro es que perdamos de vista los más hermosos paisajes del corazón (algunos nunca llegamos a conocerlos por el miedo a caer. Por mi culpa, por mi culpa y por mi gran culpa).

Ahora recuerdo aquella vieja frase de Hemingway que no recuerdo pero que decía algo así como que aunque cambies de lugar sigues contigo. O la del gran Marcel Proust que sugería “Para el descubrimiento no hace falta nuevos paisajes; sino nuevos ojos”. Quizás. Y sin embargo…

Otra vez en México: converso con el amigo Daniel la posibilidad de que si el amor fuera un juego de mesa sin lugar a dudas sería un partido de damas chinas (el que llena de su color el espacio del otro, gana), Alfonso confirma la idea de que en una pareja cuando se va quien más da amor y se lleva sus canicas para jugar con otra persona, el que más sufre es quien menos daba, que se queda sin canicas y con un gran espacio vacío. Amalia esta semana viaja lejos – retrocediendo como reina- buscando la mirada que dejó hace unos meses mientras la cantante Lupita Dalessio anuncia su retiro del escenario por considerar que “es tiempo de encontrar el amor” (o sea, el uruguayo, el chileno, el argentino, el alemán, y los dos mexicanos, no cumplieron las reglas del juego… pero la vida es corta, y la nave va…)

Y yo que sólo necesito una palabra que me está faltando en pleno mayo… ¿Será “Tú”? Tal vez. ¿Y si es “Olvido”? Creo que es “Mañana”. Puede ser… “¿Contigo?”

No sé.

Al fin y al cabo, todos andamos buscando algo…

Mois

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