Buscando mi nombre

Mois Veros

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El sueño de Laura

Hoy me he enterado. ¡Qué inmensa alegría, Dios mío! No puedo apenas creérmelo, estoy que no quepo en mi de gozo. ¡Al fin estoy embarazada!
Llevábamos tanto tiempo deseándolo y por fin nuestro amor ha dado su fruto; llevo en mi una pequeña vida que empieza a desarrollarse, un encantador regalo del cielo en forma de hijo. Es tanto lo que deseo darle, preguntarle… le espero tan fervientemente y ya está dentro de mi, y ya no se ser sin él…

Hoy los médicos me ha asustado. Dicen que hay complicaciones y que no todo va según lo esperado. Por lo visto el hecho de que yo sea 0- y mi marido 0+ puede darnos más sustos que una simple probabilidad. Tengo miedo, hasta ahora no me había planteado que algo saliera mal, que pudiera perder a mi pequeña… porque me han dicho que va a ser niña.

Ya no sé que pensar… a pesar de los riesgos no perdimos la ilusión y seguimos haciendo planes. Ya teníamos comprada su cuna, su ropita…. y ya habíamos pensado hasta el nombre que queríamos ponerle: Laura. Pero ahora el peligro es una realidad… ya no son solo suposiciones de lo que podría pasar… es que ya está empezando a pasar. Mi organismo la rechaza. No puedo creerme aún que mi cuerpo no la reconozca… que soy yo misma la que está acabando con la vida de mi pequeña. ¡Soy yo la que la estoy matando! Y me duele… y no puedo dejar de llorar…

A duras penas puedo llevar esto. No puedo soportar la idea de que mi cuerpo haya acabado con mi pequeña. Ya nunca podré abrazarla y acunarla; besarla y mimarla; decirle que no vuelva tarde por la noche y que cuidado con los chicos. Ya no. Se ha acabado. El médico me lo ha comunicado, su corazón ya no late… al final ha vencido mi cuerpo a su tierno cuerpecillo… y me siento asesina. No puedo entender que algo tan grande como la vida que había en mi ahora esté consumido, destrozado, inerte. Ojalá fuera yo la rechazada, la que no cabía en mi cuerpo y no ella… ojalá…

Van a provocarme el parto y veré a mi niña. Tengo miedo. No sé si seré lo bastante fuerte como para soportar verla. Creo que prefiero no hacerlo… no despedirme… ella no estará allí. Suerte que tengo a mi marido… me ha cuidado tanto todo este tiempo… ha estado a mi lado, apoyándome, mimándome, dándome las fuerzas que yo no tenía… y sin embargo, me derrumbaré en mi mar de lágrimas tratando de comprender por qué yo, que tanto la amaba, acabé con ella.

A mi querida Laura…

Mois

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El sueño de un simple gusano

Había una vez un gusano que se había enamorado de una flor.

Era, por supuesto, un amor imposible, pero el insecto no quería seducirla ni hacerla su pareja. Ni siquiera quería hablarle de amor. Él solamente soñaba con llegar hasta ella y darle un beso. Un solo beso.

Cada día y cada tarde el gusano miraba a su amada cada vez más alta, cada vez más lejos. Cada noche soñaba que finalmente llegaba a ella y la besaba.

Un día el gusanito decidió que no podía seguir soñando cada noche con la flor y no hacer nada para cumplir su sueño. Así que valientemente avisó a sus amigos, los escarabajos, las hormigas y las lombrices que treparía por el tallo para besar a la flor.

Todos coincidieron en que estaba loco y la mayoría intentó disuadirlo, pero no hubo caso, el gusano llegó arrastrándose hasta la base del tallo y comenzó la escalada. Trepó toda la mañana y toda la tarde, ero cuando el sol se ocultó, sus músculos estaban exhaustos. “Haré noche agarrado del tallo, pensó, y mañana y seguiré subiendo”. “Estoy más cerca que ayer”, pensó aunque sólo había avanzado diez centímetros y la flor estaba a más de un metro y medio de altura. Sin embargo, lo peor fue que mientras el gusano dormía, su cuerpo viscoso y húmedo resbaló por el tallo y a la mañana el gusano amaneció donde había comenzado un día antes. El gusano miró hacia arriba y pensó que debía redoblar los esfuerzos durante el día y aferrarse mejor durante la noche. De nada sirvieron las buenas intenciones. Cada día el gusano trepaba y cada noche mientras descendía sin saberlo, seguía soñando con su beso deseado. Sus amigos le pidieron que renunciara a su sueño o que soñara otra cosa, pero el gusano sostuvo con razón que no podía cambiar lo que soñaba cuando dormía y que si renunciaba a sus sueños dejaría de ser quien era. Todo siguió igual durante días, hasta que una noche…una noche…el gusano soñó tan intensamente con su flor, que los sueños se transformaron en alas y a la mañana el gusano despertó mariposa, desplegó las alas, voló a la flor…y la besó.

Alvaro Yunque – “Animales que hablan”
Gracias soñador.

Mois

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