Buscando mi nombre

Mois Veros

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Absurda, injusta: guerra

No sé muy bien por qué, pero llevo unos días meditando acerca de la guerra…
¿de alguna en concreto?

No, de todas en general.
Porque guerra significa injusticia. Guerra significa dolor y sufrimiento. Guerra significa muerte.
Y “cómo no” he recordado que, en mi querida “literatura musical”, estaban estas dos letras:

Querida Milagros

Esta mañana al salir a patrullar,
hallamos muerto al soldado Adrián.
Como manda el reglamento procedimos a buscar
los objetos que llevara. Sólo hallamos esta carta:

“Querida Milagros, llevo seis días aquí.
Te echo de menos, no puedo vivir sin ti.
He visto las explosiones brillando a mi alrededor.
Tengo miedo, no lo oculto, sólo me queda tu amor.

Por ahora la suerte me ha sonreído;
necesito verte, aquí no hay amigos.
No estaría de más que alguien me explicara,
qué tiene esto que ver contigo y conmigo.

Querida Milagros, queda tanto por vivir.
Sería absurdo dejarse la piel aquí.
Querida Milagros, aún no he podido dormir.
Un sueño frío me anuncia que llega el fin.

Cuando leas esta carta háblales a las estrellas,
desde que he llegado aquí sólo he hablado con ellas.

Por ahora la suerte me ha sonreído;
necesito verte, aquí no hay amigos;
No estaría de más que alguien me explicara,
qué tiene esto que ver contigo y conmigo.

He visto a los hombres llorar como niños
he visto a la muerte como un ave extraña
planear en silencio sobre los caminos
devorar a un sol que es tuyo y es mío.

Querida Milagros, llevo seis días aquí.
Te hecho de menos no puedo vivir sin ti
Querida Milagros, queda tanto por vivir.
Sería absurdo dejarse la piel aquí.

Querida Milagros, llevo seis días aquí.
muchos han muerto casi todos morirán.
Querida Milagros, me tengo que despedir
siempre te quiere tu soldado Adrián.”

El último de la fila – Nuevas mezclas

¿Qué pasa?

¿Y qué pasó? pregunto yo, pregunto yo ¿qué pasó en el mundo hoy?
y que en todos los diarios yo leo las mismas noticias de horror:
Vidas que callan sin razón.

¿Por qué será que hay tanta guerra?
¿Por qué será que hay tanta pena?

¿Qué será? ¿qué será? pregunto yo
¿Qué será? pregunto yo, pregunto yo ¿qué será que no hay amor?
Y que en vez de abrazarnos los unos a otros nos damos cañón y olvidamos el amor.

¿Por qué será que hay tanta guerra?
¿Por qué será que hay tanta pena?

¿Qué será? ¿qué será? pregunto yo
La gente se está matando, la gente se está muriendo y yo sigo aquí sin comprender.

¿Qué pasa con el mundo que está tan inmundo?
¿Qué pasa? pregunto ¿qué pasa pregunto?
Pregunto yo ¿qué pasa hoy con el mundo, que está tan absurdo que está taciturno?
¿Qué pasa que nada bueno nos pasa y que la paz por aquí nunca pasa?
¿Qué pasa que sólo la guerra pasa? ¿Qué es lo que pasa? pregunto yo.

Juanes – Mi sangre

Sin duda: absurda, injusta, guerra.

Mois

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Qué pequeño

“Este es Jesús, el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la mesa del Señor.”. Así dice el sacerdote antes de comulgar mientras levanta un trozo de la Sagrada Forma.

Cuando era pequeño e iba a misa con mi mejor amigo, siempre esperábamos ansiosos este momento para comentar: “qué pequeño” y nos reíamos mucho.

“Qué pequeño era ese Jesús, que tan sólo era un trozo de pan”… y qué acertados estábamos nosotros sin saberlo. Así de pequeño es como Jesús salva al mundo, haciéndose pequeño, siendo lo más pequeño.

Como dice Pablo en su carta a los Filipenses: Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo: El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es SEÑOR para gloria de Dios Padre. (Flp 2, 5-11)

Así, siendo el último, humillado, “vencido”, muerto es como Jesús salva al mundo. Porque los caminos de Dios no son nuestros caminos: En aquella ocasión Jesús declaró: Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. (Mt 11, 25-26)

Mois

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Duele el amor

Este título que bien pudiera ser extraído del disco “Mundo Lite” de Aleks Syntek me sirve de introducción para la siguiente historia:

En un día caluroso de verano en el sur de la Florida, un niño decidió ir a nadar en la laguna detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta trasera, se tiró en el agua y nadaba feliz. No se daba cuenta de que un cocodrilo se le acercaba.
Su mamá desde la casa miraba por la ventana, y vio con horror lo que sucedía.
Enseguida corrió hacia su hijo gritándole lo mas fuerte que podía.
Oyéndole, el niño se alarmó y nadó hacia su mamá. Pero fue demasiado tarde.
Desde el muelle la mamá agarró al niño por sus brazos justo cuando el cocodrilo le agarraba sus piernas. La mujer estiraba determinada, con toda la fuerza de su corazón. El cocodrilo era mas fuerte, pero la mamá era mucho más apasionada y su amor no la abandonaba. Un señor que escuchó los gritos se apresuró hacia el lugar con una pistola y mató al cocodrilo. El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante, aún pudo llegar a caminar.
Cuando salió del trauma, un periodista le pregunto al niño si le quería enseñar las cicatrices de sus pies.
El niño levantó la colcha y se las mostró. Pero entonces, con gran orgullo se remangó las mangas y señalando hacia las cicatrices en sus brazos le dijo: “Pero las que usted debe ver son estas”. Eran las marcas de las uñas de su mamá que habían presionado con fuerza. “Las tengo porque mamá no me soltó y me salvo la vida”.
Nosotros también tenemos las cicatrices de un pasado doloroso.
Algunas son causadas por nuestros pecados, pero algunas son la huella de Dios que nos ha sostenido con fuerza para que no caigamos en las garras del mal.
Recuerda que si te ha dolido alguna vez el alma, es porque Dios, te ha agarrado demasiado fuerte para que no caigas.
 

Agárrame fuerte aunque me duela.

Mois

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